Con premeditación, alevosía y ventaja

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Con premeditación, alevosía y ventaja

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Con estos ingredientes –según la opinión generalizada– se aderezó la decisión de los diputados que eligieron el miércoles anterior al presidente y los magistrados de la Corte de Cuentas, en respuesta a la sentencia de la Sala de lo Constitucional del 21 de enero que declaraba inconstitucional la elección previa. Al prevalecer una conducta revanchista, antiética y desafiante, no solo ignoraron el espíritu y la letra de dicha sentencia, sino que dieron una muestra del poco significado que le siguen otorgando a la opinión ciudadana, a pesar de que su posicionamiento influyó de manera determinante para que enmendaran el desaguisado anterior, con la primera elección de cinco magistrados de la CSJ y del fiscal general. Además, les valió sorbete –como se dice en buen salvadoreño– la advertencia que días antes les había hecho la misma sala para que se ciñeran a los lineamientos de la referida sentencia.

A raíz de la decisión de la Sala de lo Constitucional de invalidar esa designación espuria y conociendo el odio visceral que contra cuatro de sus miembros sienten los diputados involucrados, se abre un nuevo capítulo que puede dar paso a una crisis institucional, quizá de mayores dimensiones que la anterior, donde entrarán en juego el proceso electoral y el deterioro mayor que en muchos órdenes exhibe el país. Mientras lo primero se complica por la emergencia de un nuevo actor –a quien todo el mundo señala como el responsable del actual estado de cosas–, lo segundo se está saliendo totalmente de control, especialmente en lo que concierne al manejo fiscal, que es donde igualmente confluyen los grandes intereses partidarios.

Paradójicamente, este último campo no es ajeno al quehacer del organismo contralor, no porque tenga injerencia directa en la formulación de la política fiscal como tal, sino porque detrás de la maniobra de los diputados del tristemente célebre “bloque parlamentario” está, a decir de muchos, la intención no disimulada de impedir que la ciudadanía pueda constatar la forma en que se administran sus impuestos. En el extremo, otros dirían que se trata ni más ni menos de una jugarreta política para blindar la cloaca de la corrupción.

En todo esto hay que reconocer que los nombramientos de las autoridades superiores de la Corte de Cuentas tradicionalmente habían respondido a intereses partidarios. De hecho, el mismo sistema los toleraba, al punto que nunca fueron cuestionados por la oposición. El sempiterno secretario general del partido que virtualmente se apropió de la entidad por casi un cuarto de siglo diría que todo se hizo para garantizar la gobernabilidad. Pero hoy la cosa es distinta, porque al desacato cometido se agregan un fraude de ley y la supuesta intención de crear las condiciones para enjuiciar a los cuatro valientes magistrados que se han atrevido a desafiar el “establishment”, al someter el poder político a la justicia constitucional y al velar por un auténtico Estado democrático de derecho.

Siendo así, la responsabilidad de lo que pueda ocurrir por este nuevo atropello contra la institucionalidad recae en la misma alianza perversa –nítidamente visible para la mayoría– entre los diputados del partido gobernante y un grupo de colegas agrupados en tres partidos, dos de ellos venidos de menos, y el otro, producto de una traición que es en gran medida responsable de la caótica situación que vive el país, con los antecedentes ya conocidos de quien fue su gestor.

Pero, al final, con los nuevos funcionarios (que no fueron en realidad) se puede ser generoso, preguntándoles solamente: ¿dónde queda la lealtad con el partido, con la entidad a la que debían servir, con ellos mismos o con la patria? Pongo esta de último porque colocarla en primer lugar sería una ingenuidad mayúscula, aunque con frecuencia, vaya contradicción, vivo aferrado a la idea de que El Salvador sí vale la pena. Termino con una frase de Fedro (poeta romano, 15 a. C.-55 d. C): “A cualquiera que se le descubra en un fraude vergonzoso, no se le volverá a creer, incluso si habla con la verdad”.

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