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Con ustedes: magistrados de Sala de lo Constitucional

El uso activo y responsable de mi poder como ciudadana y el amor a la patria siempre han sido parte de la identidad cultural de mi familia. Ahora, la cuarta generación ya está cuidando urnas, pertenece a organizaciones juveniles y realiza proyectos de ayuda a los más necesitados.
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No es extraño pues que durante 2013 me sumara al fenómeno de unidad entre votantes de distintas banderas partidarias para protestar del lamentable capítulo antidemocrático del Decreto Legislativo 743, que pretendía obligar a los magistrados de la Sala de lo Constitucional a decidir los procesos de inconstitucionalidad con los votos de los cinco magistrados. No soy abogada, pero esto significa que los amparos de los ciudadanos por sufrir cualquier injusticia proveniente de los otros órganos del Estado serían paralizados y no tendríamos a nadie que defendiera. En esa ocasión se dio inicio al movimiento cívico que culminó con la derogación de este. Desde entonces, cada arremetimiento contra los cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional es un búmeran que nos va cohesionando a favor de la lucha por la corrupción, el respeto a las leyes y la transparencia.

Debo aclarar que he estado en desacuerdo con un par de sus resoluciones. Mis respetos a la postura del magistrado Belarmino Jaime, quien no acompañó con su voto la resolución que dejó sin efecto la Ley de Amnistía aprobada por el congreso en 1992, un mes después de firmados los Acuerdos de Paz, que pusieron fin a la guerra civil en El Salvador. Esta resolución de los otros magistrados la considero injusta porque traiciona la voluntad de un pueblo, emitida a través de sus representantes en ese momento delicado de la guerra fratricida, ya que permitió a quienes estaban fuera de la ley en la montaña, o bajo sospecha de crímenes de guerra, a que se integraran a la legalidad para construir la democracia.

Sin embargo, prefiero sufrir este tipo de consecuencias que renunciar a la independencia de poderes que ha demostrado el trabajo de los magistrados en favor de la construcción de una mejor calidad de democracia. Entre otras cosas, me ha dado la oportunidad de sentarme y conversar con personajes de reconocida trayectoria de izquierda, que, si no hubiera sido por esos ataques contra la Sala de lo Constitucional, no habría tenido la oportunidad de descubrir las cosas que con ellos tengo en común por amor a El Salvador.

Por esta razón, me sumo a la exhortación y exigencia a detener la estrategia de quienes quieren desprestigiar el trabajo de tribunal constitucional y parar las manifestaciones que han impedido a los magistrados llegar a varios lugares a explicar sus sentencias, tal como lo señalaron valientemente en la cara de los autores intelectuales los representantes de FUSADES, del Centro de Estudios Jurídicos (CEJ) y del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional (IIDC). Quienes quieren tomarse las instancias judiciales y las instituciones democráticas lo que están logrando es acercar posiciones y crear debate público entre la ciudadanía honesta. La ciudadanía ya despertó empoderada exigiendo cuentas de forma decidida a que cambie la vieja forma de hacer política (en cualquier instituto político) por una actitud de alta política que lleve a tomar mejores decisiones de Estado.

¡No vamos a dejarlos solos, magistrados!

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