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Conducir en la selva

Dos temas fueron prácticamente olvidados por los partidos y candidatos durante la pasada campaña presidencial: el agua y el transporte. Dos problemáticas esenciales para la vida cotidiana de los salvadoreños, un sufrir de todos los días para la mayoría de capitalinos.

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Roberto Rubio-Fabián

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La problemática del transporte, algo que ningún gobierno ha podido resolver y que ha venido agudizándose con el tiempo, atenta contra el bienestar de las personas, sea que anden en bus, microbús, vehículo, moto o a pie. Dicha problemática es fundamental no solo para el bienestar de las personas, sino también para el desarrollo nacional: incide en la situación emocional y estrés de los individuos, consume energías que afectan la productividad laboral, sangra vidas y ahorros de la familia, promueve la agresividad y violencia, incrementa los costos en salud, reparaciones y tiempos de espera, etcétera.

En efecto: existe una pésima señalización o falta de la misma, tapaderas robadas u hoyos que favorecen accidentes y que pasan meses sin reponer/reparar; hay paradas de buses oficialmente permitidas en las esquinas, buseros drogados o cansados conduciendo temerariamente, y buses destartalados en circulación; existe un pésimo diseño en las rutas de buses, corrupción en el otorgamiento de líneas, buses que son una invitación al acoso sexual, la violación y el robo; mientras nos quejamos de los buseros, los particulares no respetamos las zonas peatonales, nos estacionamos donde queremos, irrespetamos las leyes de tránsito, tenemos déficit de elemental cortesía y superávit de agresividad al volante; se colapsan importantes arterias por leves accidentes. En fin, es una verdadera selva cotidiana donde predomina el "sálvese quien pueda". Por cierto, se trata de una de las peores áreas de gestión del gobierno, un monumento a la incapacidad, que sin duda pesó en la cólera ciudadana que se expresó en la elección del 3-F.

El problema es complejo, como lo es su solución. Existen problemas estructurales y acumulados, cuya solución es de medio/largo plazo: mejora de infraestructura vial, reordenamiento de rutas y permisos, medidas contra la corrupción en el Viceministerio de Transporte y reestructuración de este, campañas de educación vial, etcétera. Sin embargo, hay medidas sencillas, de corto plazo y sentido común. ¿Acaso cuesta señalizar mejor las calles e indicaciones de tránsito? ¿Es tan difícil organizar cuadrillas que identifiquen/reparen puntos de riesgo de accidente? ¿Es tan complicado y costoso capacitar y equipar buenos y bien equipados policías para dirigir el tráfico en zonas y horas punta (quizá saldría menos caro que los millonarios paso niveles)? ¿Cuesta tanto una campaña de educación vial en conjunto con las aseguradoras? ¿Será tan complicado exigir a los empresarios de buses adoptar un mecanismo de certificación de sus motoristas? ¿Será tan enredado elevar las multas a los infractores? ¿Será tan difícil aprobar cambios en leyes o reglamentos de tránsito que permitan la foto en accidentes como prueba y evitar los embotellamientos mientras se espera la inspección del seguro y la policía, o aprobar una ley que permita como prueba de infracción la foto de las cámaras de vigilancia? No creo que sea tan difícil hacer estas cosas de sentido común. Sin embargo, desgraciadamente, esto les ha faltado a nuestros gobernantes, donde parece que el sentido común es el menos común de los sentidos. Ojalá ya no sigamos conduciendo en esta selva de intereses e incapacidades, y tengamos dirigentes conduciendo el país con buena voluntad e inteligencia.

Tags:

  • transporte
  • señalización
  • buses
  • rutas
  • tráfico
  • reglamentos

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