¿Confiar o no confiar en los demás?

Ante la emisión de miles de noticias globales revelando información proveniente de documentos
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¿Confiar o no confiar en los demás?

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¿Confiar o no confiar en los demás?

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Ante la emisión de miles de noticias globales revelando información proveniente de documentos confidenciales sustraídos a un bufete panameño, que muestran en la misma página, espacio o red a personas íntegras y sociedades legítimas al lado de otros individuos y empresas que no parecen haber actuado legítimamente, supone una acción injusta y una actitud poco transparente. Tal confusión puede llevar a la conclusión de que no se puede confiar en nadie. Pero sigo diciendo contundentemente que vale la pena confiar unos en otros y en la capacidad de cada persona por usar responsablemente su libertad.

Por eso no bastan las libertades económicas, de opinión y de prensa, sino que se necesita la construcción de la libertad responsable, ya que esta es necesaria para generar confianza entre los miembros de un país para salir adelante. La libertad responsable y la con fianza se consiguen a través de un comportamiento ético consistente y abierto a la rectificación cuando se yerra.

Merece confianza (confiabilidad) y es digno de esta quien tiene convicciones morales y las vive. Robert Spaemann menciona dos actitudes que descalifican a dar y recibir confianza: una actitud utilitarista o para quien “el fin justifica los medios”. O sea, si mentir o traicionar es útil para la causa, lo hará. Quien es utilitarista será así con toda su actuación, sin siquiera decírnoslo. La otra actitud que no merece confianza es aquella de quien se cree que está en una “situación de excepción”, en la que tiene que actuar “de forma única”, y que, por ello, se trata de “la última batalla”. Con esta actitud falsa de sentirse “caso especial y único” y estar en una batalla final, se está dispuesto a hacer de todo, incluso pararse encima de la moral y los principios y las personas. En realidad, lo correcto es guiarse de tal modo que “después de cualquier actuación debe ser posible decir: ‘Nos volveremos a ver a los ojos’”.

La autora y consultora Saj-nicole Joni, después de estudiar a líderes de 150 empresas europeas y norteamericanas, llegó a la conclusión de que hay tres tipos fundamentales de confianza: la confianza personal, la confianza profesional y la confianza estructural. Las relaciones más duraderas y valiosas se caracterizan por grandes niveles de estos tres tipos de confianza.

A veces el principio que detona el ciclo de confianza es la aparición de un líder íntegro, coherente entre lo que dice y hace, que con pequeños actos diarios fomenta la confianza: Habla con franqueza; demuestra respeto; actúa con transparencia; corrige errores; muestra lealtad; logra resultados; mejora como persona; enfrenta la realidad; clarifica expectativas; se siente cómodo al rendir cuentas; sabe escuchar primero; cumple compromisos y promesas; proporciona (extiende) confianza a su alrededor. (“La velocidad de la confianza: lo cambia todo”, S. Covey).

Es necesario confiar, porque si no encontramos razones para hacerlo con los demás tampoco las encontraremos para hacerlo en nosotros mismos. “Una gran confianza obliga y motiva a aquel a quien se le da, a mostrarse digno de ella y a justificarla a posteriori. De ahí se deduce que la confianza posee esencialmente la propiedad de una prestación adelantada”, Robert Speaman. A esta corriente Peter Drucker le llama “personas que se gerencian a sí mismas”. Parece especialmente ejemplar ahora que las noticias son globales y virtuales.

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