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Confrontación o Negociación

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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La política puede definirse como “el arte de conjugar lo deseable con lo posible, a partir de lo disponible”. Esta definición conlleva a que –en un sistema democrático– es conveniente dialogar y armonizar las necesidades de los diferentes actores relacionados con la adopción de políticas públicas. En otras palabras, la política es la manera en que el gobierno realiza acciones para satisfacer necesidades de la población. En El Salvador, el problema es que (1) la improvisación y la corrupción han sido una constante en los gobiernos desde hace décadas, y (2) la ciudadanía está harta de tanto engaño.

Los salvadoreños están saliendo de la trampa de las extremas que, por una parte, generaron falsas expectativas y a la hora de gobernar se olvidaron de la clase media; y por otra, crearon la ilusión financiera omitiendo la relación población-territorio y al ser oposición se percataron de la importancia de la cohesión social. Afortunadamente, el empoderamiento de la sociedad civil está adquiriendo suficiente resonancia y ha comenzado a incidir en las políticas públicas.

La negociación es para la política como los antibióticos son para la medicina. Expertos afirman que quien no negocia en política está condenado a fracasar. Al país le conviene terminar con la confrontación ideológica y propiciar la negociación política (distender, acercar posiciones y generar compromisos hacia objetivos comunes). Entender esto es clave porque para muchos compatriotas “negociación política” es sinónimo a amaño, contubernio y componenda; aquí significa: una acción compartida para lograr el acuerdo necesario a fin de generar beneficios públicos, apegándose a la ética y sujetándose al Estado de derecho. Veamos unos ejemplos.

Ejemplo 1. La mayoría de buenas decisiones se toman mediante una negociación. Esto sucede en todos los ámbitos: familia, comunidad, empresa y gobierno. Siempre que hay problemas, diferencias o conflictos, se negocia para superarlos. Por ello y para generar confianza en la ciudadanía, convendría acordar medidas específicas para profesionalizar la administración pública y suprimir el nepotismo y el clientelismo.

Ejemplo 2. Un número creciente de ciudadanos exige participar en las decisiones que afectan su vida. Pretender lograr todo y a toda costa es una aspiración equivocada y contradice la negociación. Hoy día, la mayoría de la población rechaza “el juego suma cero” (donde solo uno gana y los demás pierden) y respalda el diálogo y la cooperación pública-privada.

Ejemplo 3. Los gobernantes requieren del concurso de los diferentes actores involucrados en las políticas públicas. La negociación (con partidos políticos, organizaciones sociales, gremiales y otros) es necesaria en la democracia y la democracia exige un entendimiento básico entre las partes. Es decir, la negociación es una acción esencial en la política.

Conclusión: sacar adelante a El Salvador exhorta a sustituir el debate ideológico (inclinación por buscar culpables y defender posiciones doctrinales) por el debate programático (disposición a fijar prioridades y precisar el cómo y con qué recursos se solucionan los principales problemas). De este cambio depende la estabilidad y viabilidad del país. Así las cosas y dado que la permanente confrontación conduce a la ingobernabilidad, la negociación política debería convertirse en la vía preferencial para ser un buen gobierno y salvaguardar la democracia.

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