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Conseguir una imagen pública positiva en un candidato

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Kalena de Velado / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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En toda Latinoamérica están por darse en los próximos días importantes eventos electorales, las primeras votaciones de este tipo tuvieron lugar en febrero en Costa Rica (la primera vuelta) y, según la costumbre, las últimas deberían celebrarse en el mes de diciembre, en Venezuela, si Maduro hace caso omiso a lo solicitado por la OEA. Y, en el ínterin, Paraguay, Colombia, México y Brasil también elegirán nuevo mandatario, con un par de comicios que podrían terminar redibujando radicalmente el mapa político regional. Varios de esos países también renovarán sus legislativos y/o gobiernos locales, como El Salvador en marzo y Perú en octubre. Cuba también está llamada a estrenar nuevo presidente en 2018, aunque el proceso que determinará al sucesor de Raúl Castro en abril de este año será muy diferente al del resto de países de la región. (BBC MUNDO, http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-42521678).

Con todas estas perspectivas electorales a nivel nacional, como regional, me gustaría reflexionar sobre cuál podría ser la adecuada imagen pública en un candidato que desee inspirar a sus conciudadanos a trabajar en favor del progreso y desarrollo socioeconómico de su país, o región, en caso llegue a ser elegido.

Me parece que las cualidades, habilidades, actitudes y competencias necesarias para hacerlo serían las de un líder positivo, quien ha de aceptar en primer lugar el reto de superar el sentimiento negativo y repelente que tienen en este momento los dirigentes políticos, según el Informe de confianza global de EDELMAN, 2018 (https://www.edelman.com/trust-barometer).

Por otro lado, un candidato que quiera asumir un liderazgo positivo ha de enfrentar valientemente una sociedad que está cansada y frustrada en general, manifestada en un alto porcentaje de infelicidad, según una investigación de Gallup World Poll que se realiza globalmente desde 2005. (http://www.gallup.com/analytics/213704/world-poll.aspx).

De acuerdo con investigaciones serias en centros académicos importantes, el liderazgo positivo influye en los resultados exitosos en las organizaciones de forma inequívoca al involucrar a los seguidores y alinearlos en torno a un objetivo, de tal forma que los impulsa a conseguir la misión a través de un alto desempeño de todos los involucrados.

El liderazgo positivo se relaciona con los círculos virtuosos, “mediante la implementación de prácticas y procesos como el perdón, la compasión, la gratitud, la bondad y la integridad... A pesar de su nombre, un liderazgo positivo no se trata de una positividad falsa ni requiere que los líderes acepten la mediocridad o que tengan temperamentos naturalmente optimistas. Más bien, la atención se centra en conjugar las fortalezas de las personas y ayudarlas a encontrar sentido en su trabajo, en oposición a la práctica tradicional de centrar la atención en sus debilidades... El liderazgo positivo comienza con cultivar una cultura de confianza, transparencia y aprecio por las personas, para que sientan que pueden expresar sus opiniones y cometer errores sin temor a represalias. En el competitivo mundo de hoy, las organizaciones que defienden este enfoque estarán mucho mejor posicionadas para prosperar y mantener el rendimiento de sus equipos en el tiempo”. (Ideas inspiradas de investigaciones de los profesores: Alberto Ribera IESE, la Escuela de Negocios de Barcelona, España; Kim Cameron y William Russell Kelly, del Departamento de Gestión y Organizaciones en Michigan Ross) (http://blog.iese.edu/impact-at-work/2017/11/23/positive-leadership-playing-on-peoples-strengths/).

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