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Construyendo la paz

Festejamos la independencia este 15 de septiembre. Una semana después, el 21 de este mismo mes, celebramos el Día Internacional de la Paz.
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<br /><p>Habiendo pasado desde hace 20 años de la guerra a la paz, estamos más acostumbrados a celebrar el fin del conflicto que hemos vivido que a celebrar la paz como construcción permanente. Pensamos la guerra como una realidad del pasado opuesta a la paz y a penas reflexionamos sobre una realidad conflictiva que sigue privando de vidas a muchos y muchas salvadoreños. La reducción de homicidios, gracias al pacto entre las maras, nos está haciendo ver cómo la paz puede seguir construyéndose. Pero de nuevo podemos quedarnos simplemente contemplando este avance que el Gobierno quiere atribuirse a sí mismo, cuando el protagonismo real es de las maras, y olvidar otros aspectos que amenazan la paz.</p><p> Las graves diferencias sociales, económicas y culturales en El Salvador continúan siendo la amenaza más clara para la paz social. Está comprobado que la elevación del tiempo pasado en la escuela construye desarrollo y paz. Desde hace tiempo FUSADES tiene estudios que relacionan pobreza en nuestro país con años de escolaridad formal. La pobreza desciende claramente cuanto más son los años de estudio de la población. Sin embargo, la inversión en educación apenas ha crecido en los últimos 12 años en proporción al PIB. El año 2001, a causa de las inversiones que forzó el terremoto de ese año, fue el año con una mejor proporción respecto al PIB. Desde entonces nos resignamos a un leve descenso que, aunque se ha frenado, no señala todavía el necesario ascenso radical en la inversión educativa.</p><p>El primer trabajo juvenil es otro tema de suma importancia. En su estudio sobre el trabajo en El Salvador (2007-2008), el PNUD afirmaba que la capacidad adquisitiva del primer salario juvenil es inferior a la que tenía el salario de los padres de estos jóvenes 25 años atrás. Y eso a pesar de que los jóvenes hoy tienen, en general, mejor nivel educativo que sus padres. Si no cuidamos el primer trabajo de nuestros trabajadores jóvenes, tampoco podemos esperar mucho entusiasmo ni mucha identificación con el desarrollo del país. Con frecuencia echamos la culpa de la desmotivación laboral a las remesas. Pero lo que nadie le explica a los jóvenes es el hecho de que el mismo trabajo, con el mismo esfuerzo físico, proporcione cinco veces más dinero en Estados Unidos que en El Salvador. Esa es la razón de que pueda haber remesas, y los jóvenes lo saben. ¿Son las remesas o los bajos salarios los que desmotivan?</p><p>La corrupción impide la cohesión social. Y a pesar de los avances, en su lucha, la percepción ciudadana insiste en denunciarla. Los políticos, especialmente los funcionarios, tienen mala fama al respecto. Y algunos de sus procedimientos dejan bastante en claro la falta de interés en abandonar costumbres corruptas, como servirse de vehículos estatales y otros recursos para mejorar las condiciones privadas. Mientras no se persiga con rigor las corruptelas de quienes tienen puestos de autoridad, será difícil hablar de moral a quienes tienen hambre. En un país de bajos recursos como el nuestro la austeridad de los funcionarios debería ser la norma y no la excepción. Cambiar el nombre a servidores públicos, mientras no se eliminen las corruptelas, sirve de poco. El caso Samayoa se inicia con un delito. Pero muestra también las hondas raíces de la corrupción tanto en los contratos de la Asamblea como en el modo de rescindirlos. Trabajar por la paz es una urgencia. Invertir en la gente, el mejor camino.</p><p>&nbsp;</p>

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