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“Contando las chirilicas”

Independientemente de bajo cuál punto de vista se estén abordando los temas, mucho de lo que hacemos los economistas es planificar.
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La recomendación fundamental es que, ante los cambios inherentes en las sociedades, se tomen en cuenta temas estratégicos de mediano y largo plazo. La planificación es una herramienta muy importante para la gestión pública y privada. En el mundo, tanto los gobiernos como las empresas de gran envergadura invierten su tiempo analizando cómo se visualizan en el futuro, y van caminando sobre pasos planificados. Pero a pesar de los esfuerzos, en El Salvador no hemos aprendido la lección y seguimos “contando chirilicas”.

“Contar chirilicas” es una expresión que, en buen salvadoreño, se refiere a ese momento, generalmente al final del mes, cuando nos vemos obligados a contar moneda por moneda para reunir cierta cantidad. Me parece que la frase encaja bien para describir la situación actual de las arcas del Estado. Estamos próximos a finalizar el año, y a pesar de que han existido muchísimos llamados, no se enciende el foco que ilumine cómo pasar el bache, que, después de pensarlo mejor, resulta hasta pequeño en relación con los grandes problemas estructurales que enfrentará la economía y sus frágiles finanzas públicas en los años por venir.

La falta de planificación aparece desde el instrumento de planificación por antonomasia: el presupuesto general del Estado, que desde aproximadamente 2008 tiene vicios ampliamente discutidos, que lo convierten en un simple trámite, y, claro está, evade los puntos medulares del déficit fiscal persistente del país. Esto, a su vez, es síntoma más bien de déficit, pero de decisiones correctas y de acuerdos concretos con visión de país.

A lo anterior se adiciona otra muestra de falta planificación, que es financiar los recurrentes faltantes del presupuesto con préstamos a un año plazo o con LETES. Para rematar, se agrava la situación el siguiente año, porque con LETES por vencerse se vuelven a emitir nuevos LETES. Esto es, sin lugar a dudas, un error. Durante varios años hemos visto subir el saldo de LETES, para luego tener que bajar. Esto quiere decir que, por decisión de política de Gobierno, que es quien presenta el presupuesto, ante la imposibilidad de llegar a acuerdos, deja al Estado en mayor medida con un solo instrumento de financiamiento, herramienta que es mal utilizada. Así no se llega muy lejos.

Otra fase coherente es no vale la pena llorar por la leche derramada. Las deudas hay que pagarlas en su totalidad o en parte. Pero no hay que olvidar que también es parte del asunto (en un inmediato segundo momento de negociación) entrar a las causas subyacentes que de fondo provocaron el endeudamiento, para evitarle al mismo Estado esa misma dificultad.

También se muestra poca planificación cuando los problemas financieros se vuelven un obstáculo más para mejorar los servicios públicos desde una perspectiva de desarrollo. Tanto el gasto en educación como en salud, que deberían mostrar excelentes resultados, tienen truncadas sus expectativas de ascenso, y son aspectos que se borran del mapa cuando tenemos que atender dificultades de cortísimo plazo, y empezamos a “contar chirilicas”.

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