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Continúa destapándose la olla de la corrupción y todo indica que el destape va para largo

En la batalla constante contra todas las formas de corrupción y de impunidad, que funcionan como las dos caras de la misma moneda, todos tenemos que asumir el compromiso que nos corresponde.
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Acaban de ser capturados 17 presuntos responsables de actos de corrupción en el ámbito municipal, entre ellos dos alcaldes en funciones y algunos empresarios que actuaban como corruptores. Este operativo, llevado a cabo conjuntamente por la Fiscalía General de la República y por la Policía Nacional Civil, demuestra de entrada que las redes de la corrupción se hallan extendidas por todos los ámbitos del aparato público, al amparo hasta hoy de una impunidad que parecía impenetrable. De seguro irán saliendo a la luz otros casos semejantes en diferentes áreas del entramado estatal, porque la dinámica esclarecedora está ya en el terreno, y cuando eso ocurre muy difícilmente puede pararse.

Hay que destacar que el nuevo liderazgo de la Fiscalía General de la República ha llegado con evidente voluntad de hacer un giro significativo en pro de la legalidad y de la transparencia. Esto también es efecto de la dinámica actual de los tiempos, que de muchas maneras aflora cada vez más en nuestro ambiente. El tema de la corrupción se ha venido volviendo candente prácticamente en todas partes, como vemos en el entorno inmediato y en las esferas globales; y el imperativo de limpieza representa una de las señales más prometedoras en medio de la multitud de problemas y conflictos que están presentes también en todas partes. Nuestro país no es ni podría ser la excepción, y lo que estamos viendo grafica un importante avance en la línea de las depuraciones necesarias, tanto en lo institucional como en lo político.

Se sabe por reiterada experiencia que las conductas ilegales y corruptas son un cáncer social que genera constantes y crecientes metástasis. La conexión entre dichas conductas y el accionar del crimen en sus diversas expresiones profundiza todos los males y atrapa todo lo que encuentra a su paso. Los salvadoreños, como país, nos hallamos inmersos en esa temible trampa histórica, y hacer todo lo pertinente para ir saliendo de ella debe ser el propósito principal y el objetivo expreso de las políticas públicas y de los dinamismos privados.

En la batalla constante contra todas las formas de corrupción y de impunidad, que funcionan como las dos caras de la misma moneda, todos tenemos que asumir el compromiso que nos corresponde. En lo que a los medios de comunicación se refiere tal compromiso se centra en seguirles dando el puntual seguimiento informativo a los casos que ya están abiertos en el ámbito de la autoridad y en continuar contribuyendo por medio de la propia labor investigativa a que se haga cada más luz en un panorama tradicionalmente sumido en la oscuridad. Desde luego el compromiso más directo les corresponde a los encargados de perseguir con la ley en la mano todas las formas de ilegalidad y de abuso, vengan de donde vinieren.

La persecución efectiva e indiscriminada de las conductas delictuosas tiene que ser constante y normal en el ambiente, y el Estado debe dar el ejemplo permanente y efectivo de la autolimpieza, que la misma realidad de lo que se vive está demandando sin más tardanza y sin ningún sesgo ni desvío. De eso depende, en gran medida, que haya estabilidad y seguridad en el país.

Saludamos el hecho de que la preocupación y el empeño en estos temas tan vitales estén hoy muy vivos tanto en el ámbito público como en el privado, tal como lo demuestra el relevante ENADE 2016. Hay que avanzar juntos en las grandes cuestiones de nación.

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