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Continúan las conspiraciones palaciegas al seno del régimen

Esa castración intelectual es razonable y conveniente para los intereses del presidente, que merodea la ilegal idea de postularse para la reelección y no quiere ni siquiera un remedo de contienda al seno de la coalición de sus partidos satélites.

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Cada cierto tiempo afloran desde el oficialismo señales de divisionismo. Las más de las veces son escaramuzas chuscas, a veces en las redes sociales, pero también se sabe de presiones al interior de la fracción legislativa de Nuevas Ideas, de tensiones entre munícipes que aceptaron candidaturas creyendo en un margen de acción y en una carrera política que no ha sido tal, y de tirantez entre los funcionarios más influyentes debido a agenda personal o choque de intereses económicos.

Una de esas desavenencias se habría manifestado a través de las revelaciones del periódico digital El Faro alrededor de la comunicación que miembros del régimen habrían tenido desde hace meses con los miembros de al menos una de las pandillas, según audios compartidos por ese medio en sus plataformas. De ese contenido se desprende que dos funcionarios de alto nivel tienen una visión diametralmente opuesta acerca del fenómeno pandilleril, diálogo y concesiones a esos grupos por un lado, uso de la fuerza del Estado y rompimiento de cualquier vaso comunicante por el otro. No se necesita ser muy suspicaz para entender que esa diferencia de enfoque no es exclusiva de los dos personajes citados en ese reportaje sino que es extensiva al resto de la administración.

Lamentablemente, el debate como primera utilidad e insoslayable riqueza de la práctica política pasa por un período de mendicidad. Un debate como eso al seno del Gobierno, qué tanta inclusión y qué tanta represión como políticas de Estado, que enriquecería la agenda pública y aglutinaría a los principales actores sociales y políticos alrededor de la administración de justicia, es en principio imposible bajo el periodo de Bukele.

No hay constancia de que la renuncia a tener su propia voz y opinión sobre los temas nacionales sea un requisito explícito a los diputados, alcaldes y ministros del bukelismo pero es obvio que el régimen no admite el mínimo disenso. Por eso los pocos operadores del oficialismo que podrían producir contenido político así como matizar abiertamente los efectos de las sucesivas ocurrencias del régimen, desde la Ley Bitcóin hasta los abusos cometidos durante la excepción, incluido el desatino de algunos nombramientos de funcionarios de segundo grado, han elegido el silencio y la genuflexión, el primero de ellos el vicepresidente de la República.

Condenada a la inanición en las filas oficiales, la democracia no cabe en Nuevas Ideas ni en GANA más que como una anécdota. Por eso, convertida en una olla de presión en la que la única movilidad depende de los ánimos y humores del mandatario y su camarilla más próxima y en la que se goza o no de perfil público dependiendo de si las dos personas que pugnan por el control de las comunicaciones levantan o bajan el pulgar, la esfera oficial es pródiga en conspiraciones palaciegas. Anulada la política, convertidos en criados de una nueva oligarquía, su única incidencia posible es escalar en los ránkings de la servidumbre.

Esa castración intelectual es razonable y conveniente para los intereses del presidente, que merodea la ilegal idea de postularse para la reelección y no quiere ni siquiera un remedo de contienda al seno de la coalición de sus partidos satélites. Pero es al mismo tiempo el germen que destruirá a la postre a su partido, claramente un cascarón que sólo sirvió para llevar a diputados y alcaldes a una silla pero sin mayor expresión territorial. De ahí que de manera silenciosa, el régimen se vaya comiendo los restos de ARENA y del FMLN en algunos municipios, para luego regurgitarlos en el terreno como sus cuadros operativos de cara a los futuros comicios.

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