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Contra las cuerdas

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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El crimen, el desempleo, la corrupción y la impunidad hacen que un alto porcentaje de salvadoreños estén desesperados y pongan en duda la efectividad del sistema democrático. Esta percepción se refleja en el Latinobarómetro 2018 http://www.latinobarometro.org/lat.jsp Entre los datos que ofrece dicho estudio de opinión pública se destacan los siguientes.

A. Hay tres países donde la valoración ciudadana del progreso es de un dígito: El Salvador es uno de ellos con el 9 %. En varios países, más de la mitad de la población dice que hay una mala situación económica, así lo expresa el 59 % de salvadoreños. En nueve países el apoyo a la democracia es superior o igual al 50 %, y en el otro extremo se sitúan dos países con el menor apoyo; El Salvador y Guatemala con 26 %.

B. La crisis de la democracia en América Latina se refleja en el incremento de los insatisfechos, al aumentar de 51 % en 2008 a 71 % en 2018. El país que tiene la aprobación de gobierno más baja es Brasil con 6 %, le sigue México con 18 % (antes de la llegada de AMLO) y luego El Salvador con 22 %. Adicionalmente, la confianza en las Fuerzas Armadas ha disminuido en la región (de 50 % pasó a 44 % entre 2016- 2018) y en El Salvador es de 27 %.

C. El Salvador lidera la lista donde más de un tercio de la población es indiferente al tipo de régimen: le da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático. El Salvador, con un 14 %, también encabeza los países donde el poder judicial no alcanza a tener la confianza ni de un tercio de la población. Además, la confianza en los partidos políticos es casi inexistente en El Salvador con 5 % y la confianza en el organismo electoral apenas llega al 12 %.

Estos indicadores evidencian que la democracia está en problemas en Latinoamérica. Un hecho que refuerza la incredulidad de la ciudadanía en el sistema de partidos políticos es que 18 expresidentes y exvicepresidentes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Panamá, Ecuador, Perú, Brasil y Argentina han estado involucrados en escándalos de corrupción, condenados, acusados y procesados. El panorama social se vuelve más complejo al añadir la disminución de la clase media y la emigración masiva en varios países.

La problemática salvadoreña exige que los políticos –tradicionales y no tradicionales– aúnen esfuerzos para salvar el sistema democrático. De no hacerlo y dada la expansión de la violencia delincuencial, se eleva el riesgo de que el desasosiego lleve a incontables compatriotas a respaldar el populismo, nazismo, anarquismo o autoritarismo.

Conclusión: el sistema de partidos políticos en El Salvador está a la baja y eso pone a la democracia "contra las cuerdas" o sea, en peligro de ser derribada. Si a este riesgo institucional se le suman las causas y los costos de la emigración, sacar adelante el país significa: (1) mejorar la calidad de vida de la población en su lugar de origen, y (2) rescatar la democracia con más democracia (separación de poderes, aplicación de la ley, profesionalización del servicio público, fortalecimiento de las instituciones reguladoras del poder público, contraloría social y transparencia de la gestión pública).

Tags:

  • corrupción
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