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Contra todos los pronósticos

Contra todos los pronósticos, Donald Trump se convirtió en presidente de los EUA y Nicolás Maduro se mantiene en el poder pese a la grave crisis económica, social y política que vive Venezuela. Contra todos los pronósticos, los Órganos Ejecutivo y Legislativo permitieron que El Salvador cayera en impago innecesariamente y las cúpulas partidarias están radicalizando sus posiciones de cara a las próximas elecciones, olvidándose del ajuste fiscal que el GOES necesita firmar con el FMI y del apoyo solicitado a la ONU para construir un Acuerdo de Nación.
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Estos hechos sugieren que los dirigentes partidarios estimulan la polarización ideológica para afianzar el “voto duro” y ganar así una cuota de poder suficiente para controlar buena parte del aparato estatal. Mientras eso sucede, la mayoría de compatriotas seguirá sufriendo de violencia delincuencial y continuará esforzándose diariamente para llevar los alimentos al hogar.

Este contexto indica que la calidad de vida de los salvadoreños se está deteriorando. De ser así, las causas que están a la base de la descomposición social (miles de niños “educándose” en la calle e incontables jóvenes excluidos del sistema educativo y mercado laboral) favorecerán la adopción de actitudes dogmáticas y proclives al uso de la violencia política.

Por otra parte, la iliquidez e insolvencia financiera del GOES hacen que aumente el riesgo de invertir en el país y que el crecimiento económico sea inferior al 2.5 % en los próximos años. Esta proyección hace que numerosos jóvenes vulnerables vean limitadas sus oportunidades de progresar y reduce sus opciones a emigrar, trabajar en el sector informal o delinquir. Consiguientemente y en vista de que el 63 % de los salvadoreños tiene menos 30 años de edad, están dadas las condiciones para que surjan falsos líderes (de izquierdas y derechas). Ante semejante amenaza, las siguientes medidas podrían ayudarle al país a evitar que el populismo se convierta en la alternativa más atractiva para los salvadoreños.

Medida 1. Invertir en la cohesión social. El programa de ajuste fiscal debería posibilitar el rescate de la escuela pública y la regeneración del tejido social local. Una forma de hacerlo es potenciando la cooperación pública-privada para (a) mejorar la calidad de los servicios y espacios educativos, (b) fortalecer el sentido de pertenencia en la niñez y juventud, y (c) aumentar el ingreso familiar vía el trabajo.

Medida 2. Dejar de castigar a la llamada “clase media”. Miles de empleadores, profesionales y empleados han visto deteriorada su economía familiar al tener que pagar más impuestos cada año y recibir servicios públicos de baja calidad. Por ello, el ajuste fiscal debería iniciar por reducir y transparentar el gasto público y luego –progresivamente– aumentar el ingreso público.

Medida 3. Eliminar el sesgo antiempresarial del quehacer gubernamental. La clave está en generar confianza y certidumbre en materia económica. Es ilusorio pretender generar más empleos productivos, difamando y obstaculizando la labor empresarial.

Conclusión: contra todos los pronósticos, los salvadoreños (gobernados y gobernantes) no aprendieron las lecciones que dejó el conflicto bélico (1980-1991) y desperdiciaron el capital político que generó el Acuerdo de Paz (1992-2017). Conviene, entonces, que la ciudadanía aproveche el período electoral 2017-2019 para alzar su voz constructivamente, diciéndole NO al populismo y SÍ a la cooperación pública-privada para lograr objetivos comunes.
 

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  • Trump
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