Contubernio, zarpazo, impunidad

Lo ocurrido la semana pasada en el Salón Azul –que replica la práctica perversa de votar en “combo” cuando el poder partidario minoritario se mediatiza vendiéndose al mejor postor– era previsible.
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Tanto como la certeza de que su posicionamiento mediático previo solo disfrazaba la jugada para después presentarse ante la población como garantes de la gobernabilidad, cuando en realidad era, como siempre, recetarse con la cuchara grande. Lo hicieron los mismos de siempre: la fracción anaranjada, con una excepción, y los que con sus votos dispersos y raquíticos terminan definiendo la ruta de servidumbre.

El doctor Rubio, respetado amigo y colega columnista, que se las juega todos los días combatiendo la corrupción y defendiendo sin descanso la institucionalidad democrática, calificó esa actuación como un “asco”. Con esto, rememora la reconocida novela de Castellanos Moya, donde la política y sus actores no se libran de las diatribas del personaje del cuento, frente al statu quo. Comparto totalmente ese calificativo de Roberto, a pesar de que el caso del FOP me beneficia, como al resto de pensionados del antiguo sistema previsional; de hecho, se me abre la posibilidad de seguir recibiendo mi pensión por un año más, si es que los $500 millones adicionales de CIP que comprarán las AFP no se desvían en el camino. Pero esto no me llena de contento, sabiendo que con el “privilegio” que se me otorga me estoy haciendo cómplice pasivo del sacrificio al que están siendo expuestos quienes están en la ruta de su retiro y peor aún, a los jóvenes que comienzan su vida laboral, que son los que en definitiva llevarán sobre sus espaldas la responsabilidad de evitar que nuestra patria sucumba ante los redentores de nuevo cuño.

Pero, haciendo una hipérbole y, como dicen por allí, los males no vienen solos. El grupo de irredentos (as) hizo lo que le dio la gana para beneficiarse y seguir fomentando la impunidad, el ejercicio prebendario de la función pública y dejando al país en manos del narco lavado y del crimen organizado. Dicen los expertos en la materia que la Ley de Extinción de Dominio ameritaba algunos cambios, pero no al extremo de favorecer a conocidos delincuentes –funcionarios y excompinches y personajes del bajo mundo– para escarnio de toda la sociedad. Es más, unos hasta hacen comparaciones alienantes sobre qué partido sale más beneficiado con las reformas a dicha ley, como si se tratara de una carrera para premiar a quién se lleva la presea por tener en sus filas al mayor número de delincuentes.

Siguiendo los mismos pasos torcidos, en ese martes negro se reivindicó a los tránsfugas, para que sigan comportándose como machos sin dueño, a quienes ni siquiera las riendas que les ponen los votantes los frenan para que no sigan atropellando el derecho sagrado del voto. Menos mal no pasó ese día la ley mordaza, pero no podía faltar la cereza en el pastel: el reiterativo apoyo y admiración del profesor Sánchez Cerén al energúmeno, asesino y narco e ilegítimo gobernante venezolano, nada menos que en Managua, reducto de mafiosos foráneos.

Pero también en los próximos días veremos el circo que se montará con la elección de las autoridades de la Corte de Cuentas. Sobre este caso, comentábamos con algunos amigos, la degradación moral y ética a que ha llegado el sector político, con solo admitir a candidatos con causas pendientes. El colmo es la pretensión de los actuales funcionarios de quedarse pegados a sus sillas, a pesar de los “hallazgos que se les han encontrado” (para utilizar la terminología que se usa en la entidad) durante el poco tiempo que han estado en sus cargos y en el transcurso de su desempeño como colaboradores de menor rango. Me parece que alguna ventaja tiene aprovechar su conocimiento para desempeñar el cargo con alguna solvencia, pero también ello conlleva un enorme riesgo, porque arrastran consigo el desprestigio que históricamente ha caracterizado al organismo contralor, cohonestando la impunidad. Pero como dicen los propios actores, en política todo se vale.
 

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