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Coordenadas 2017

(1) Las cúpulas partidarias malgastaron 2016 (año no electoral). Prefirieron continuar con el desacuerdo y la confrontación. Prueba de ello es que las finanzas públicas iniciarán 2017 con el presupuesto general de 2016.
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 Esta decisión implica replicar un presupuesto desequilibrado, el cual casi llevó al impago y obligó a una trastornada emisión de bonos por $ 550 millones. Esta discordancia sugiere que el ajuste fiscal que se aplicará próximamente corre el riesgo de ser usado electoralmente para echarle la culpa al rival político de sus efectos en el bolsillo de los salvadoreños. Es decir, el poder político ha decidido apretar el “nudo ciego” (aumentar la polarización) y especular con los resultados de las elecciones de 2018 y 2019.

(2) Dos corrientes divergentes dominan la realidad nacional. Por una parte, la lucha partidaria por obtener el mayor poder público posible y por otra, el clamor ciudadano para que se aplique la ley en contra de la amplia corrupción que salió a flote en 2016. Este ambiente de contrariedad caracteriza la conmemoración del 25 aniversario del Acuerdo de Paz (1992-2017) y obstaculiza que los salvadoreños conozcan las causas que hicieron que el país transitara de la violencia política a la violencia delincuencial.

(3) Se intensifica la discrepancia entre gobierno central y sector empresarial. El último distanciamiento fue a raíz del incremento unilateral del salario mínimo al cierre de 2016. Esta atmósfera de desconfianza complica la reforma del sistema previsional y la aplicación del ajuste fiscal (más impuestos y menos gasto público), y hace prever que ocurrirán diversas manifestaciones públicas (genuinas y manipuladas). En este contexto y con bandas delictivas ejerciendo el control territorial en incontables comunidades, El Salvador seguirá “expulsando” a numerosos compatriotas de sus lugares de origen.

(4) Donald Trump tomará posesión de la presidencia de EUA el próximo 20 de enero. Este hecho tendrá múltiples implicaciones a nivel mundial. Una cosa parece inminente, los temas globales y organismos internacionales tendrán nuevos énfasis e impulsos. En este entorno y dado que El Salvador no tiene espacio alguno de maniobra, lo esencial es que el país ordene sus finanzas públicas, priorice la educación y mejore el clima de inversiones.

(5) La lucha contra la corrupción e impunidad condicionará la relación salvadoreña con la comunidad internacional. Este elemento es crucial en momentos en que la ciudadanía –con apoyo de la cooperación externa– exige una mayor rendición de cuentas. Esta atmósfera democrática podría contener la lucha partidaria por el control del aparato estatal e impulsar la profesionalización del servicio público.

(6) El 2017 será un año de activismo. Los partidos políticos trabajarán arduamente para ganar las próximas elecciones. Las organizaciones sociales se protegerán de la tormenta ideológica que se avecina y procurarán colocar sus prioridades en la agenda nacional. Numerosos jóvenes, mujeres y adultos serán abrumados con propuestas populistas e inviables de cara a las futuras elecciones.

(7) La “securocracia” reforzará el centralismo. Esto significa que los elementos vinculados a la seguridad pública (PNC, Ejército y otros) legitimarán el poder oficial y la establecerán como la prioridad dominante del quehacer gubernamental. Esto se expresará en la perpetuación de medidas excepcionales (despliegue del Ejército en las calles, ocupación militar de comunidades y más) y la postergación indefinida de la localización.

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