Corea del Norte: la transformación de un gánster

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David Hernández / Escritor

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Después de ser vilipendiado por Occidente, el presidente del Partido del Trabajo de Corea y líder supremo de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Kim Jong-un (Pionyang, 1983), ha devenido en esperanza para la paz y estabilidad regional del Lejano Oriente.

Donald Trump, para quien hasta hace poco Kim Jong-un era la bestia negra, tuiteó el 28 de marzo: “Durante años, muchos... dijeron que la paz y el desarme nuclear de la península coreana era imposible. Ahora hay buenas posibilidades de que Kim Jong-un haga lo correcto. ¡Ansío nuestra reunión!”

El brusco cambio de Estados Unidos (EUA) hacia el líder norcoreano se debe a tres factores estratégicos y geopolíticos: la constatación de que los norcoreanos han desarrollado exitosamente misiles de corto, mediano y largo alcance que pueden atacar a Corea del Sur y Japón y alcanzar territorio estadounidense; el apoyo que Corea del Norte recibe de China y Rusia, con los cuales tiene fronteras comunes (1,420 y 17 kilómetros respectivamente), por lo que un ataque a Corea del Norte sería tomado como una agresión a estas dos superpotencias nucleares; el peligro real de una hecatombe atómica que se traduciría en millones de víctimas inocentes en la península coreana pero también en Japón y EUA.

Kim Jong-un se ha convertido en un líder exquisito con una agenda de lujo. Luego de su recepción en Pekín por el presidente chino, Xi Jinping, con todos los honores, se reunirá con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, el 27 de abril, y en mayo con Donald Trump. Haciendo cola se halla el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

El “Reino ermitaño” se ha convertido en una amenaza para la seguridad de EUA, mayor que la representada por sus pares atómicos Rusia y China, Irán o el islamismo integrista, debido a la intransigencia de Kim Jong-un que ha exigido un trato de potencia atómica a EUA y a la certeza de que no dudará en apretar el botón atómico ante el inicio de una intervención occidental en Corea del Norte.

Como justificación esgrime el trágico ejemplo de Sadam Hussein y Muamar el Gadafi, en Irak y Libia, ejecutados al calor de sendas intervenciones estadounidenses, cuyos países se han llenado de caos, guerras civiles, masacres y desestabilización.

La concepción de desarrollar un arma atómica es de su abuelo, el Presidente Eterno, Kim Il-sung, quien, al articular su filosofía Juché, consistente en depender únicamente de sus recursos nacionales, y ante su desconfianza de que China y Rusia defendieran al país de una invasión occidental propugnó, desde los años ochenta del siglo pasado, desarrollar un programa nuclear, cuyo producto es el actual arsenal atómico norcoreano, bomba de hidrógeno incluida.

Carismático, cauteloso, campechano, tenido por un hombre sabio, de buen conversar de sobremesa, Kim Il-sung es el modelo a seguir por su nieto. A pesar de 5 cm de diferencia, Kim Il-sung media 1.75 cm y su nieto 1.70, sus líneas estratégicas se asemejan. Quienes le trataron fugazmente alguna vez recuerdan la señal característica de Kim Il-sung, un lunar negro en la nuca, así como su apoyo a los movimientos de liberación nacional de todo el mundo, especialmente latinoamericanos.

Así las cosas EUA no tiene otra salida pragmática más, solo negociar.

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