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Corrupción: ¿Crimen de lesa humanidad?

Teniendo en cuenta los graves problemas que ocasiona la corrupción extendida en todo el mundo, ¿debería tipificarse como crimen de lesa humanidad o al menos como violencia política o una modalidad de crimen económico?
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Los cientos de miles de pobres son víctimas de la corrupción. Lo son asimismo los enfermos que no reciben atención médica y que fallecen por falta de medicamentos; quienes carecen de una vivienda básica y digna, los que no tienen acceso a agua potable y otros servicios básicos, los que no encuentran empleo decente y quienes son asesinados en la vorágine de crimen y violencia que azota a varias naciones, por ejemplo.

Los recursos que colecta el Estado de los particulares y las empresas, suponiendo que se destinan a resolver las más elementales y urgentes necesidades humanas y a proteger los derechos humanos fundamentales de las personas, nunca serán suficientes para cubrir las diferentes aplicaciones ya que mediante la corrupción se sustraen importantes sumas que van a parar a manos privadas, imposibilitando cumplir el esfuerzo de resolver las más cruciales carencias económicas y sociales de la población.

La corrupción es hoy en día un cáncer extendido en toda la región. Según el estudio de Oxfam denominado “Privilegios que niegan derechos” (septiembre de 2015), al menos el 70 % de la población entrevistada cree que hay corrupción en los gobiernos de las Américas.

Un estudio de ICEFI y Oxfam-Guatemala, fechado en agosto de 2015, también señala: “Las sociedades siguen enfrentando en la corrupción un grave obstáculo para avanzar en la consolidación de los sistemas democráticos, del pleno ejercicio y disfrute de los derechos humanos, y de niveles satisfactorios de gobernabilidad que permitan el desarrollo sostenible de los Estados.

Como consecuencia, se afectan las condiciones políticas, sociales y económicas que permitirían la implementación de políticas públicas que resuelvan con eficacia las principales necesidades sociales, como la disminución de la pobreza y la desigualdad, así como asegurar la realización del bien común”.

Ya se conoce, según el Estatuto de Roma, la definición de crimen de lesa humanidad, que en general supone la muerte de muchas personas. Varias de esas categorías están relacionadas directa o indirectamente con el crimen de la corrupción. Verbi gratia, el crimen de exterminio supone la imposición intencional de condiciones de vida, entre otras la privación del acceso a alimentos o medicinas, encaminadas a causar la destrucción de parte de una población.

Y asimismo, se incluyen otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionadamente grandes sufrimientos o atenten contra la integridad física o la salud mental o física de amplios grupos de personas. Los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles.

En buena parte del mundo, incluso en países que podrían calificarse como pobres, los funcionarios reciben sueldos y sobresueldos exorbitantes, sin que su actividad o gestión produzca resultados y soluciones a los graves problemas que padece la población. En consecuencia, otra forma de corrupción es aceptar un empleo público sin que se disponga de los más elementales conocimientos, experiencia y ética.

Para combatir la corrupción, algunos países han definido normativa entre la que podría destacarse: cuando la corrupción se comprueba el criminal devuelve la totalidad de lo apropiado indebidamente; paga la multa correspondiente. Asimismo, paga la pena de privación de libertad por el crimen cometido; es inhabilitado permanentemente o por el tiempo que la pena señale para ejercer cargos públicos; el partido político es sancionado de acuerdo con la ley, y de reiterarse la práctica de proponer candidatos inhabilitados o que cometan corrupción puede perder su personería jurídica.

Sin combate a la corrupción no hay posibilidades de desarrollo.

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