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Corrupción: indignación mal enfocada

La corrupción es un mal social que roba recursos al gobierno y resta oportunidades para salir adelante a las personas más pobres. Los casos y montos usurpados que se han ido descubriendo en El Salvador son alarmantes y causan indignación.

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Claudio M. de Rosa / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Pero, esta indignación se enfoca equivocadamente, al caer en señalamientos entre unos y otros, intercambios de acusaciones que van desde corrupto tú a corruptos ellos, hasta todos ustedes son corruptos, acompañado de insultos, mofas, memes y caricaturas, lo cual es poco serio. Peor aún, hay autoridades que, en vez de condenar y pedir justicia, sus explicaciones las hacen verse como “cómplices”.

Un enfoque incorrecto. Ante tan altos niveles de corrupción debemos centrarnos en las cosas fundamentales que requerimos como país: auditoría social para que haya castigo a “todos” los culpables, ya sean por acción u omisión, que “nadie” quede impune, recuperar los dineros robados y abrir un “diálogo” –no discusiones bizantinas– para proponer medidas para enfrentar este mal social y lograr un cambio de cultura.

Normalmente la corrupción se asocia con los políticos y funcionarios, pero ella también está presente en el sector privado y otras instancias: iglesias, colegios, universidades, deportes, y en nuestras propias acciones. Si usted sacó una fotocopia en su oficina para algo personal, si tomó un lápiz que no era suyo, si usó información en un trabajo de la universidad y no citó la fuente, usted hizo una apropiación indebida (robo). Recordemos el viejo refrán: todos miramos la paja en el ojo ajeno, pero no vemos la viga en el ojo nuestro.

“La corrupción en El Salvador (y en la mayoría de países en el mundo) es un problema cultural de profundas raíces”, según los resultados de la Primera Plataforma de Diálogo, que conducen las universidades Dr. José Matías Delgado y Francisco Gavidia, con la participación de otras 17 universidades, en un trabajo para construir un “Acuerdo de País contra la Corrupción”.

La corrupción “se fomenta y expande por inadecuadas condiciones y características de la sociedad salvadoreña” que, en general, “muestra ausencia de conocimientos claros de lo que se debe y no se debe hacer”. Por esto se estima necesario “cambiar el rumbo”, para lo cual es fundamental “fortalecer la institucionalidad, y crear una nueva cultura”, inculcando “valores y principios” en la sociedad salvadoreña. Interesantes conclusiones de los participantes en los Diálogos: tanques de pensamiento, generadores de opinión, sociedad civil, políticos, periodistas, catedráticos y estudiantes.

Para cambiar la cultura de corrupción el esfuerzo debe comenzar desde la familia, aunque esté fragmentada y contaminada. Las iglesias, que predican lo que es bueno y lo que es malo, deben asumir un papel trascendental. La educación, desde parvularia hasta la técnica y superior, debe inculcar principios y valores, dar a conocer derechos y responsabilidades, pero también involucrar a los padres.

Las empresas públicas y privadas deben velar por tener programas de ética y valores empresariales y laborales. El sistema de justicia debe depurarse y esforzarse para mejorar su trabajo y, con eso, estimular la participación de la sociedad civil y la contraloría ciudadana. Debemos fortalecer la institucionalidad y mejorar muchas leyes, lo que significa construir una Nueva República.

Esta debería ser la base de una Política Nacional de lucha contra la corrupción. Esto es posible si todos nos involucramos.

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