Corrupción: “pandemia” continental (y III)

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Protagonistas. Seguramente no hay en nuestra América un país exento de corrupción; pero hay casos extremos, como el de México: al menos así lo ilustra también Oppenheimer en su libro: “En la Frontera del Caos” (1996), flagelo que muchos asocian con la larga permanencia del PRI en el poder, pero que floreció durante el gobierno de José López Portillo (1976-82), cuando el estándar, aceptado como “retribución” al finalizar cada sexenio, se multiplicó por 10. Obviamente, la fiesta continúa, y al margen de la Casa Blanca que recibió como regalo de una empresa constructora la actual primera dama, hoy, entre otros, brillan los casos de al menos seis gobernadores.

Se ha dicho que el enriquecimiento ilícito no respeta ideologías, aunque Chávez solía decir que “ser rico es malo, es inhumano”, pero a su hija preferida, según la revista Forbes, se le contabilizan activos financieros por casi $4,200 millones en bancos de Estados Unidos y Andorra. Por debajo se ubicaba Fidel Castro, pues, cuando falleció, se estimó su fortuna en alrededor de $900 millones, comparada con la de $3,600 millones atribuida a la familia Ortega de Nicaragua en 2013. La de Maduro es difícil de medir, porque además del saqueo oficial, se le vincula con el narcotráfico. Sí ha trascendido la de su alter ego, Cabello ($3,500 millones). La congelación de muchos de estos activos en Estados Unidos y Europa no son un capricho del “imperio” y sus secuaces, pero sí una expresión del despojo de que ha sido víctima especialmente PDVSA y la manipulación cambiaria.

Para no abundar en detalles y no dejar de lado los gobiernos que se sitúan en el medio, ideológicamente hablando, hay muchos indicios de que a los oscuros y criminales gobiernos argentinos de la dictadura se sumó con gran destreza el kirchnerismo, acumulando una fortuna descomunal, especialmente con negocios turbios, también con una gran empresa constructora. El colmo: uno de sus colaboradores fue descubierto tratando de ocultar más de $10 millones en efectivo, en un convento de monjas.

En nuestra región, aparte del mal habido patrimonio de la dinastía Ortega Murillo, la cantidad y diversidad de casos de corrupción abundan. El de Pérez-Baldeti es de sobra conocido, como los de sus antecesores. En Honduras, aunque resalta lo de Lobo por el sangramiento, igual que en Guatemala, del seguro social, el exgobernante catracho comparte con la dupla venezolana el escarnio de ver juzgados a sus hijos por narcotráfico.

En nuestro país, se dice que la privatización ha sido en los tiempos modernos la fuente principal de corrupción (en mi libro de la “Ilusión al Desencanto” cuestiono la transparencia del proceso), así como las licitaciones amañadas y el despojo directo. Se recuerda así el caso ANDA y el del ISSS, pero no ha sido hasta recientemente, con la labor de la Sección de Probidad, que ha podido percibirse que lo anterior era solo la punta del iceberg. Flores acaba de ser exonerado, pero sus sucesores están en lista de espera, aunque se especula que igualmente saldrán bien librados, porque todos tienen la “cola pateada”. Pero el olor nauseabundo se percibe cuando el expresidente de la AL rechaza la intervención de la SC para juzgarlo. En fin, en el escenario continental, ¿cómo se comparará el saqueo público con el despojo de que nos habla Eduardo Galeano en “Las Venas Abiertas de América Latina”?

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