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Corrupción: un mal generalizado

En mayo de este año, el Tribunal Popular Supremo de China y la Fiscalía del Estado instauraron la pena de muerte a líderes corruptos que incurrieran en malversación o recibieran sobornos por más de $463,000... Un extremo rechazable.
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Al hablar de corrupción, generalmente pensamos en los funcionarios o empleados públicos. Craso error. Según datos a nivel mundial y del país presentados en el “Enterprise Survey” del Banco Mundial, la corrupción está presente con mucha fuerza en el sector privado. Los procesos de compras privados son identificados como fuentes comunes de corrupción.

El tema de corrupción no era relevante ni de discusión ni de investigación hasta hace 30-40 años. Hoy, con la revolución de las tecnologías, la auditoría creciente de la sociedad civil, las corrientes globalizadoras, entre otras, han puesto la corrupción como tema de interés y demanda social de primer orden. Y por esto vemos gobiernos y gobernantes caer del pedestal de los inmaculados a la cloaca de los corruptos.

Por ser un tema estratégico necesario de trabajar para cambiar patrones culturales, la Universidad Dr. José Matías Delgado ya ha comenzado a patrocinar conferencias y ha incluido en un área de maestrías la materia “Transparencia, Ética y Probidad”, para crear conciencia sobre este tema. El ideal sería tenerlo como materia obligatoria de todas las carreras.

Ante denuncias de corrupción, se tiende a tomar posiciones como si se defendiera a un equipo de fútbol. “Es imposible que mi aliado político, alguien del partido, un juez o mi amigo sea corrupto”; y se califica la investigación como “atentado, acto desestabilizador, persecución” y se moverá todo para taparlo. Contrariamente si es adversario político, de otro partido o enemigo, desde un primer momento se le condena. El veredicto ya está dado.

Ambos casos son incorrectos. La corrupción no tiene color político, ni distingue apellidos ni condiciones económicas. No son las instituciones las corruptas. Los corruptos son funcionarios o empleados públicos o un jefe en una empresa privada que abusan de la confianza que le dio la sociedad o la organización en la cual trabaja. Esos son los que hay que juzgar con fuerza e imparcialidad, apegados a la ley y, si corresponde, aplicar el mayor castigo legal posible.

En mayo de este año, el Tribunal Popular Supremo de China y la Fiscalía del Estado instauraron la pena de muerte a líderes corruptos que incurrieran en malversación o recibieran sobornos por más de $463,000; y si el acusado reconoce el delito o devuelve el dinero, la pena se conmuta por cadena perpetua, algo normal para los casos de corrupción en China. Un extremo rechazable.

¿Qué es corrupción? Según los diccionarios, es una “depravación moral”, o “un abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole”. En el campo político, se refiere “al mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima”. Y eso va desde un gran pago hasta el regalo de canastas y otros beneficios.

Ante este cáncer social, la sociedad salvadoreña también muestra un despertar, pero sus señalamientos ignoran el ámbito privado y solo se centran en los servidores públicos. No es para menos, cada vez hay más descubrimientos de actos de corrupción. Ante esto, los tentáculos de la corrupción tratan de detener desde otras instancias de poder e incluso alterar las investigaciones dentro del mismo sistema judicial. Por eso, coincido con la embajadora de Estados Unidos en El Salvador, Jean Elizabeth Manes, para quien “las únicas personas que no quieren combatir la corrupción son los corruptos”.

Como no funciona adecuadamente el sistema, se puso énfasis en la necesidad de contar con una CICIES, propuesta que autoridades de gobierno la tildaron de “golpistas”. Y ahora descubrimos gracias al trabajo de Douglas Meléndez, fiscal general de la República, que dentro del sistema hay “juzgadores sesgados y corrompidos”, donde “no solo las pandillas tienen clicas sino también (las hay) en la estructura del sistema judicial”. Claramente: es necesaria una CICIES.

También hay corrupción desde un gobierno hacia otro gobierno. Se presenta como caso típico las donaciones para “tener apoyo internacional” y los préstamos preferenciales que da un gobierno a otro con la condición que compre productos del país de origen, donde esto puede esconder favores por compromisos políticos locales. Si bien las condiciones parecen ser favorables, también puede esconder una forma de forzar la compra de productos a mayor precio, para asegurar mayores utilidades.

Así de grande es el cáncer de la corrupción.

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