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Cosiendo la Vela

¡Qué título!, y qué tema: Cosiendo la Vela. ¡Manos a la obra! Es el meollo de la magistral escena del óleo de Sorolla, mejor del gran Sorolla, en apagón de ojos, captó costumbres de los pescadores del Cabañal, no cabe el instante, la vela demasiado grande, en el pasillo de la casa reposa cómoda y plácida, porque la están cosiendo.
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Si veo el cuadro desde afuera soy sencillo espectador, y si le hablo y le digo: ¡Vierte el néctar de la imaginación! La obra quiere hablar conmigo. Entonces abre la puerta, el marco de la tela, y entró a hablar con ella. Escena pintada en 1896.

¡Hola! Damas y caballeros: ¿Díganme, si de la pesca viven?, ¿o la pesca vive de ustedes?, sin respuesta –continúo– es que es simple, en estos atolondrados tiempos ambas costumbres son buenas: ¡Nos hacemos los locos, y nos hacen locos igual!; razonar el dato me ha tomado ciento veinte años, en aras del olvido mejor lo escribo, vasto rato, he caminado un puño y aún así, apuro el paso.

Sigo con el diálogo: No me parece muy rota, ¿Quién? –preguntáronme–, es que mujeres y hombres, estoy hablando de la vela ¿Cuál vela?, pues miren, hablo de la vela de ustedes.

Al fin respondieron: es que cada rotura cosemos, es que en cada detalle pensamos, y luego al surcar de nuevo los mares sabemos, que nuestra mesa servida estará en todos los hogares.

Era muy difícil pensar, como el gran pintor había hecho, capturó la foto de un acostumbrado quehacer, el placer de empujar la pesca: Cosiendo la Vela.

Y en mis deleites de mi barca de sueños, el surco que deja sobre la espuma salada, del frugal ocaso embrujada, se pierde en el horizonte.

Para entonces, tomaré tiempo sereno, en verla regresar.

Tags:

  • pesca
  • poema
  • futuro
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