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Crear puentes, un desafío para los medios de comunicación

Hay datos que envían señales de alerta debido a la baja confianza que los salvadoreños tienen hacia algunos actores nacionales e instituciones. Según la “Evaluación del país a finales de 2017”, realizada por el Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA, solo el 8.4 % se fía del Gobierno, 3.7 % de la Asamblea Legislativa y 3 % de los partidos políticos. Durante el periodo que evalúa el estudio, casi el 60 % estaba poco o nada interesado en acudir a las urnas, presentando un declive de más de 16 puntos respecto a la anterior elección legislativa y municipal.

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Jaime García Oriani   Coautor de El País que Viene

Jaime García Oriani Coautor de El País que Viene

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Detrás de este panorama preocupante, surge una oportunidad para que nos unamos y pasemos de la indignación a la acción. No hablo de revoluciones o ceder a la tentación de la “antipolítica”, la cual no soluciona nada y únicamente propicia la llegada de “mesías”, quienes, legitimados por mayorías disgustadas, proponen cambios perniciosos para la institucionalidad democrática.

Todos debemos poner de nuestra parte para fortalecer nuestra democracia, fomentar el diálogo constructivo y la unidad entre los salvadoreños. Los medios de comunicación jugamos un papel fundamental en esta labor de unificación y podemos colaborar para vencer la apatía. Veamos cómo lo podemos lograr...

La historia nos cuenta de investigaciones periodísticas que han tenido importantes repercusiones en la vida de los ciudadanos y en la democracia. Una de las más famosas es el denominado “Escándalo Watergate”. Lo que aparentemente era un intento de robo de documentos en la sede del Comité Nacional Demócrata, en Washington, desencadenó una serie de publicaciones que terminó con la caída del presidente republicano Richard Nixon, por sus abusos de poder.

Es una labor de fiscalización nada fácil, que nos exige entrar más a fondo y ser más “agresivos” para sacar a luz los actos de corrupción que minan la vocación política y le restan credibilidad. La presión en redes sociales y nuevas tecnologías son importantes, pero da mayor fuerza el hecho de que haya empresas informativas serias y sin intereses ocultos destapando estas deplorables prácticas.

Ojalá en El Salvador impulsemos con mayor talante un periodismo que ponga un freno a la politiquería, que abra espacios para el debate y para la expresión de los ciudadanos, dándoles así una mejor idea de lo que está sucediendo y sepan en quiénes pueden confiar y a quiénes deben sacar urgentemente del poder.

Como periodista, he sido testigo de la buena retroalimentación de las audiencias cada vez que publicamos temas que revelan las malas prácticas de los políticos, que ponen el dedo en la llaga porque resultan incómodas para quienes gozan de las mieles del poder o explicamos cuestiones importantes para el país, aparentemente complicadas por sus matices y aristas.

Si cumplimos más digna y plenamente nuestra vocación periodística, construiremos puentes que pondrán en común los puntos de interés de una nación. Comencemos a dialogar para llegar a ese horizonte, con los medios como aliados y como canales de debate y difusión. Comencemos a fundir las bases de lo que puede ser el rompimiento de una sociedad desconfiada y aparentemente dividida. Comencemos a escribir juntos, con estas y otras buenas acciones, una historia de la que nos podamos sentir orgullosos nosotros y las generaciones venideras.

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