Lo más visto

Más de Opinión

Crece la desesperación ciudadana por la violencia y por el agobio económico

Los salvadoreños somos, por tradición, gente de trabajo y de anhelos de superación; y eso habría que potenciarlo debidamente, creando condiciones para que los connacionales, sin distingos de ninguna índole, puedan realizarse dentro del país, hasta donde den su voluntad y su capacidad.
Enlace copiado
Enlace copiado

Lo que sigue ocurriendo cotidianamente en el país de resultas del accionar del crimen con las consecuencias trágicas y angustiosas que eso trae consigo constituye sin duda el máximo y más apremiante desafío que los salvadoreños enfrentamos en estos días. Basta recorrer las imágenes de lo que pasa a diario para darse cuenta de que estamos hundidos en un círculo vicioso de inseguridad generalizada y de pérdidas humanas constantes. En ese sentido, ya no caben las explicaciones ocasionales ni los argumentos trillados que vienen siendo tan comunes en el ambiente: hay que actuar de veras y en serio, con la ley como instrumento irrebatible y con la razón como motor de las estrategias necesarias.

Por otra parte, hay casos que provocan escalofríos incontenibles, como el del hombre ya mayor que el pasado martes asesinó a su esposa y a uno de sus hijos, incendió su casa e inmediatamente cometió suicidio; todo ello presuntamente impulsado por la depresión derivada de agudos problemas económicos. Situaciones como ésta, que con diversos matices se van multiplicando en el ambiente, indican a las claras que nuestro país se halla atrapado en su problemática más aguda, que está directamente vinculada con la inseguridad reinante y con la escasez de oportunidades de progreso. No es de extrañar, entonces, que mucha gente, sobre todo joven, opte por incorporarse a las redes criminales que se expanden cada vez más o por tomar la ruta de la migración a cualquier costo.

Los salvadoreños somos, por tradición, gente de trabajo y de anhelos de superación; y eso habría que potenciarlo debidamente, creando condiciones para que los connacionales, sin distingos de ninguna índole, puedan realizarse dentro del país, hasta donde den su voluntad y su capacidad. Avanzar por esa ruta implica generar cambios que rehabiliten la seguridad ciudadana en forma progresiva y creíble, y establecer políticas que favorezcan efectivamente el crecimiento económico con acceso para todos.

En estos momentos, las cosas se complican aún más porque en Estados Unidos, que es el principal destino de nuestra corriente migratoria, imperan las políticas de control extremo, lo cual amenaza con producir una contracorriente que devuelva a nuestro país a muchos que hoy están instalados allá y que ayudan en forma tan significativa a las familias que aquí permanecen y a la economía nacional. Este hecho, que es tan amenazante y tan preocupante, debería ser el mejor estímulo para generar sin más tardanza y con la máxima eficiencia un despliegue de oportunidades reales y accesibles dentro del país. Entendemos que es una tarea dificultosa y compleja, pero hay que emprenderla de inmediato y en forma plena.

La campaña electoral en marcha, que en su doble fecha llegará hasta 2019, es el mejor escenario para presentar propuestas pragmáticamente novedosas tanto en el tema de la seguridad como en la cuestión del crecimiento. Lo más urgente es que el sentir ciudadano vaya girando de la desesperación hacia la esperanza. Es un giro altamente dramático, que requiere gran empeño y mucha inteligencia por parte de todos los actores nacionales.

Lee también

Comentarios