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Creo en el hombre

El título que utilizo en este artículo es también el de una obra del escritor salvadoreño Carlos Siri, en él, el autor "...se concentra en el agente individual humano, en cuanto única causa substancial eficiente del bien común".

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René Novoa Chacón

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Desde mi perspectiva, la historia de la humanidad nos muestra dos grupos humanos perfectamente diferenciables; los nómadas y los sedentarios. Los habitantes de las estepas que se enfrentan diariamente con su salvaje entorno, desarrollando habilidades y destrezas que lindan con la crueldad, pero que les aseguran su existencia. Los sedentarios que encuentran en el cultivo de la tierra y de la domesticación de animales un ambiente más estable y propicio para la convivencia armónica. Los nómadas invaden los territorios de los grupos sedentarios y se hacen de sus pertenencias. Los guerreros y los agricultores, los creadores de imperios y los vasallos. Ambos grupos desarrollan valores de convivencia diferentes. Dioses guerreros que piden sacrificios o que promueven el amor y el perdón.

En nuestra realidad cotidiana persisten todavía estos grupos, mutados y mutantes; unos que han mantenido a toda costa su poder, ralentizando el desarrollo del alma humana y de la civilización. Y otros impulsando el progreso y la convivencia armónica con el universo.

Escribía Arnold Toynbee en Estudio de la historia, Tomo V: "El cisma en el cuerpo social humano... como criterio para conocer la desintegración de una civilización, constituye una experiencia colectiva y por ende superficial... Su sentido reside en el hecho en que es el signo exterior visible de una grieta espiritual interna y esa grieta espiritual se abre en el alma de los hombres, pues solo el alma puede ser sujeto y autor respectivamente".

Tenemos el privilegio de asistir a un proceso histórico planetario, y este nos da la oportunidad de anular y fomentar valores vinculados al mundo en construcción y por venir. Estamos ante la cuarta revolución industrial, donde nuestra relación con las máquinas será un factor individual y colectivo de nuestra vida íntima; ellas serán nuestras compañeras y nuestras asistentes en el hogar, el ocio y el trabajo. Otro factor que caracterizará nuestra época es la protección, el resguardo y la supervivencia del ecosistema, en otras palabras, el sistema biológico constituido por una comunidad de seres vivos y el medio natural en que viven. El ecosistema está en aprietos al privilegiar el mercado o la acumulación de capital sobre el bien colectivo. La confrontación sigue. A guisa de ejemplo hay una tendencia cada vez más fuerte sobre el uso de lo natural que lo químico. La proliferación de información en las redes sociales ofrece alternativas fuera del rango de la publicidad tradicional y las ofertas de corporaciones transnacionales.

Hay dos caminos a seguir: los actores pasivos se abandonan y dejan que la naturaleza de las cosas lo arreglen solas; o tomamos una acción protagónica en cada uno de nosotros, sobre lo único que de seguro podemos hacer; corregir nuestros pensamientos, sentimientos, actitudes y acciones. Esta acción individual terminará por imponerse en el alma colectiva.

Como escribió Nietzsche, en su teoría del superhombre como último estadio del desarrollo humano: "...Es una persona capaz de generar su propio sistema de valores, identificando como bueno todo lo que procede de su genuina voluntad de poder".

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