Crisis fiscal: una bomba

...El costo probablemente no lo terminará pagando el próximo Gobierno... la mecha ya está encendida y la bomba puede estallarle en la mano por haber sido incapaz de administrar la mayor cantidad de recursos que haya tenido Gobierno salvadoreño alguno...
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<p><br /></p><p>El 12 de septiembre de 2011 escribí: “El Salvador enfrenta un grave problema: el sector público está desfinanciado, con alto endeudamiento y mes a mes sufre, porque su caja está vacía. Esta crisis financiera se origina porque en los últimos años se rompió la disciplina fiscal: se ha gastado más de lo que se tiene. Por esto, el Gobierno ha entrado en una loca carrera por encontrar más dinero, demandar más impuestos y lograr más créditos donde sea, comprometiendo la sostenibilidad fiscal”. Obviamente, esto no preocupaba mayormente y a muchos les parecía una posición alarmista. La vida loca siguió y, ahora, el Gobierno tiene la caja vacía, pagos a proveedores y salarios atrasados y busca desesperadamente sacar dinero de cualquier parte para cerrar el año.</p><p>&nbsp;</p><p>En esos momentos ya consideraba necesaria una “Ley de Sanidad Fiscal”, para poner en cintura el gasto público y ajustarlo a los recursos que efectivamente tiene el Estado y crear condiciones para recaudar más. Está escrito en el primer capítulo de finanzas públicas que para evitar situaciones de crisis el ministro de Hacienda debe ser un “Doctor NO”, con suficiente fuerza y personalidad para cumplir este papel. Un “buen” ministro de Hacienda debe ser el más detestado de todos, porque le debe decir no a sus compañeros de gobierno y, también, obtener de la gente la mayor cantidad de ingresos.</p><p>&nbsp;</p><p>El problema es que cuando el déficit se mantiene sin control, la caja se vacía, se llega al límite del endeudamiento y la economía no resiste mayores impuestos, entonces se deben hacer recortes. Algunos países europeos ya han entrado en esta triste lógica y han tenido que recortar empleados, reducir salarios y pensiones, disminuir gastos, donde algunos incluso le han metido tijera a los presupuestos de salud, de educación y cultura. Una catástrofe: se termina dejando solo lo básico para hacer funcionar al Gobierno, porque no hay más dinero. Con esto se frena la economía y el pueblo se empobrece.</p><p>&nbsp;</p><p>Un periodista me preguntó si se debían recortar o eliminar los subsidios. Respondí: ¿Por qué pensar primero en cortar los subsidios? ¿No sería más adecuado comenzar con los gastos innecesarios, esos relacionados con el clientelismo político, exceso de viajes, compra de vehículos de altísimo costo, publicidad? Sin embargo, se debe advertir que al final, probablemente, también habrá necesidad de focalizar algunos subsidios y recortar otros, porque una vez que se acaben los préstamos que los están financiando, no quedará otra solución.</p><p>&nbsp;</p><p>Esta es la historia que aún no revela el ministro de Hacienda por razones de conveniencia política. Y no diga, por favor, que es ¡confabulación!, ni que es ¡mentira!, porque bien sabe que esta es la realidad, que sale de los mismos datos fiscales, como que este año es probable que el déficit fiscal llegue a 4% del PIB. Tan grave es la situación que aún no convencen al FMI de cambiar las metas y lograr un nuevo Acuerdo.</p><p>&nbsp;</p><p>Este es el momento histórico para que los tres órganos del Estado tomen conciencia de la crítica situación fiscal y se decidan todos a recortar sus presupuestos 5%. La situación fiscal es similar a la de un enfermo en cuidados intensivos. Los cuidados médicos, las medicinas y las dietas, aunque no son agradables, son necesarios para recuperarlo y evitar la peor noticia.</p><p>&nbsp;</p><p>Por tanto, para que esta crisis no se vuelva a repetir es fundamental una “Ley de Sanidad Fiscal” que fije “límites al gasto público”, aunque protegiendo el “gasto social estratégico”: educación, salud, lucha contra la pobreza y seguridad pública. ¿Y el resto del Gobierno?, apriétese el cinturón que somos un país pobre con crisis fiscal. Pero ya vemos que las políticas de austeridad y racionalización del gasto público por sí solas no son suficientes para disminuir el déficit. Para tener éxito, paralelamente, es indispensable generar confianza para que haya más inversión privada y generación de empleos, para que crezca la economía, porque así el Gobierno obtendrá mayor recaudación tributaria.</p><p>&nbsp;</p><p>La crisis fiscal no es asunto a corto plazo, ya está aquí. Es importante que el mismo Gobierno comprenda esto, porque el costo probablemente no lo terminará pagando el próximo Gobierno, dado que la mecha ya está encendida y la bomba puede estallarle en la mano por haber sido incapaz de administrar la mayor cantidad de recursos que haya tenido Gobierno salvadoreño alguno en tan corto tiempo.</p><p>&nbsp;</p>

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