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Crisis geopolítica planetaria

Lo vivimos la última vez hace poco más de un siglo, luego de la Primera Guerra Mundial, cuando el entonces todopoderoso imperio inglés se comenzó a hundir. Era la hora del ascenso de Estados Unidos de América (EUA) y, según los cerebros más preclaros del marxismo, la única oportunidad que tuvo el socialismo, no solo de derrotar sino de sustituir el sistema capitalista mundial. Hablamos de los años veinte y treinta del siglo pasado.
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Sin embargo, esa época de horror vacui, de vacío de poder hegemónico a nivel planetario fue copada por el auge, el triunfo y el derrumbe del fascismo a nivel mundial. Las dos siguientes fueron décadas luctuosas para la humanidad en la cual perecieron más de sesenta millones de personas, principalmente civiles, durante la guerra fratricida en España y durante la Segunda Guerra Mundial, que propiciaron el militarismo nacionalista japonés, el nacionalsocialismo alemán y el fascismo español e italiano.

Actualmente el mundo es testigo de una hegemonía vertiginosa de China y Rusia a nivel económico y militar, tendencia ascendente durante el resto del presente siglo, en detrimento del poderío estadounidense.

Las casi tres décadas de potencia unipolar de EUA, luego del “fin de la historia” y el derrumbe del socialismo real, en 1989, han hecho crisis y hemos pasado a un mundo multipolar, con nuevos actores y escenarios.

El caso más ilustrativo es el de los miembros del club atómico que ha visto aumentada su membresía con países tenidos como periféricos, pues aparte de las cuatro grandes potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial, EUA, Rusia, Gran Bretaña y Francia, hoy hay nuevas potencias atómicas como China, Israel, India, Pakistán, Corea del Norte, y posiblemente, Irán.

La llegada de Donald Trump, contra todo pronóstico, a la presidencia de EUA responde a esta crisis que vive la clase política tradicional estadounidense. Por un lado, hay un quiebre del orden mundial liberal, que hegemonizó la política estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial, por múltiples factores como el fin de la Guerra Fría, cuando EUA se quedó sin enemigos, el surgimiento de los movimientos islamistas en el mundo musulmán, la globalización del capital financiero que ha golpeado a la misma Reserva Federal y la economía estadounidense al abaratar costos y producción fuera de territorio norteamericano y no por último, el auge de los nacionalismos más irracionales y el regreso a la tribu.

Estados Unidos tiene la disyuntiva de seguir en su tradicional rol de policía del mundo, y tratar de mantener un statu quo planetario cada vez más tambaleante, donde hay una clara línea de confrontación entre Occidente (la Unión Europea, los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte), Japón, los aliados estadounidenses, y por otro lado Rusia, China y el islamismo radical.

La otra variante es que EUA se dedique a resolver sus problemas internos en detrimento de descuidar la atención sobre la geopolítica mundial, lo cual acarrearía una inestabilidad planetaria de imprevisibles consecuencias, toda vez que los vacíos de poder dejados son inmediatamente copados por la competencia (casos Siria, Ucrania, Corea del Norte). Ello implica para EUA abandonar su papel de garante de un sistema mundial que ayudó a crear y sostener.

Lo concreto es que estamos ante un nuevo barajado de cartas en el póquer mundial de la geopolítica.
 

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