Criterios bioéticos: curar, no hacer daño, acompañar

Cuando una mujer embarazada celebra con sus amigas la primera imagen del bebé recreada en tres dimensiones, el deseo de ella, indistintamente el sexo o la belleza física, es que “venga bien”, en el decir salvadoreño. Pero puede suceder que en el camino algo pase. Por mi lado, algunas de mis amigas lo han vivido, y yo con ellas, el enfrentarse con un bebé que viene mal o que va a ser un embarazo riesgoso. Conozco de sus miedos, de su soledad, de la aparente oscuridad de sus planes futuros, de su angustia por los hijos que ya tiene o por dejar solo al cónyuge. En estas graves circunstancias y con el ánimo desecho, aparece alguien (a veces un ginecólogo) que le dice que “ella no se cuidó” (habiendo Zika), que ahora el embarazo es “un problema para él”, porque hay riesgo. Por un momento, la tentación de aceptar “interrumpir el embarazo” para “quitarse el problema” aparece como la única alternativa. Presentarle el aborto como “la solución” a una que está pasando por dilema de conciencia turbulento es, lo menos, abandonarla al azar y traicionarla, engañándola por inclinarla a buscar el camino fácil. Nunca se le explica que la tragedia del aborto se toma dos víctimas: la vida entera del no nacido y la salud física, emocional y mental de una mujer. Ninguno le señala el alto porcentaje de caer en depresión aguda, de la cual le costará recuperarse.
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Se le traiciona también a esa mujer con embarazo riesgoso al no acompañarla y al no conformar un equipo multidisciplinario para tomar las mejores decisiones que permitan los avances en medicina de hoy, para salvaguardar ambas vidas, hasta llevarla al número de semanas necesarias para inducir el parto y que sea viable el niño no nacido, sin necesidad de abortar. Se la traiciona cuando se exagera la convivencia con un niño con necesidades especiales, sin contarle que las familias después lo consideran un gran regalo.

El 2005 fue un año especial. Fue cuando me gradué del máster de bioética, porque podía contar con las herramientas y criterios de ética necesarios para aportar más y mejor a formar la opinión pública, así como la de la comunidad médica y jurídica regional, hacia una amigable con la salud integral de los pacientes: curar, buscar no hacer daño, no usar la medicina para matar. Con las diferentes promociones provenientes de distintas universidades se creó un grupo interdisciplinario a nivel regional, quienes desde hace años trabajan para formar comisiones de bioética en todos los centros sanitarios privados y públicos, ayudando en las decisiones éticas relacionadas con las áreas de investigación, prevención, y con la calificación moral de procedimientos médicos al inicio y final de la vida.

Este deseo de servir a mi patria se vuelve imprescindible, en momentos en los cuales las opiniones de algunos miembros de organismo internacionales se alinean a los objetivos económicos de empresas distribuidoras de equipo o sustancias químicas para provocar el aborto, que busca crear eventos de debate con médicos patrocinados por ellos, para que presenten estadísticas propias para favorecer a quienes buscan despenalizar el aborto por cuatro causales, tratando de hacer ver el aborto como una actividad médica o terapéutica, dejando de lado la realidad aceptada por todos los galenos, de que el aborto no cura ninguna enfermedad física o psíquica.

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