Criticar, proponer y hacer

Los siete años que estuve en Estados Unidos han sido críticos en mi vida. No solo me formaron en lo académico y profesional, también me hicieron ver a nuestro país con otros ojos. Cada vez que conocía a un salvadoreño que había tenido que emigrar a Estados Unidos me daba cuenta de que ese salvadoreño era el mejor de su grupo, el más trabajador y el que más amor le tenía a sus raíces.

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Emma García-Prieto Coautora de “El País que viene”

Emma García-Prieto Coautora de “El País que viene”

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Los ojos nos brillaban cuando hablábamos de nuestro “Pulgarcito”. Muchas de estas personas habían huido por la guerra, otras por la situación económica y otras por la inseguridad. Pero la gran mayoría siempre terminaba con: “Si las cosas cambian yo agarro mis maletas y me regreso”.

Cuando decidí que era hora de salir de mi zona de confort intenté regresarme a El Salvador. Tristemente formé parte de las estadísticas de los jóvenes que no encuentran trabajo. A pesar de tener licenciatura y maestría, busqué trabajo por seis meses. Vine cuatro veces al país con las maletas llenas, creyendo que esa vez sí me salía algo. Cuatro veces llegué a Boston con las maletas vacías y sin trabajo en mi país, pero mis ganas por volver a El Salvador seguían intactas.

En 2017 por fin encontré trabajo. Llegué con mucha emoción y nerviosismo. Fui recibida por la realidad en la que la gran mayoría de jóvenes vive: apatía, resignación y desencanto con El Salvador. Me encantaba ver la reacción de las personas cuando les contaba que ya había regresado. Las conversaciones empezaban con mucha emoción por vernos de nuevo y terminaban con un “espérate, ¿te regresaste? Estás loca, te vas a arrepentir”.

En este año, he tenido la oportunidad de trabajar por el país, a través de una organización que motiva, forma e informa a los jóvenes para que sean los arquitectos del cambio social que quieren ver. Hace unos meses, el Departamento de Estudios Políticos de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) publicó un informe sobre el rol de la juventud en las elecciones. El 51 % del padrón electoral lo conforman jóvenes de 18 a 39 años de edad. Esto significa dos cosas: 1. El poder, literalmente, está en nuestras manos. 2. A pesar de ser el sector de la población con más apatía, somos los que definimos las elecciones.

Las elecciones también se convierten en un punto crítico de responsabilidad individual, algo a lo que la gran mayoría de seres humanos le huimos. Vivir en un país libre y democrático, donde podemos elegir a nuestros representantes requiere de mucha responsabilidad. El voto responsable es aquel que se hace a conciencia, luego de estudiar las opciones disponibles, eligiendo representantes basado en propuestas y no en promesas.

Como jóvenes tenemos que olvidarnos de la idea de que somos el futuro del país, porque eso nos hace creer que tenemos tiempo para involucrarnos, que tenemos tiempo para “crecer” y que tenemos que hacer algo solamente cuando nos consideremos “adultos”. El rol de la juventud en los partidos políticos también es importante. Pero mi llamado más claro es para que los jóvenes entendamos que sí podemos hacer política sin estar en un partido político. No hay excusa que valga. El país lo vale todo. En nuestras manos está el poder y el verdadero cambio.

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