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¿Cuál dominio?

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Fuimos creados para cultivar y dominar la tierra con ingenio, la instrucción original fue dominar sobre todo, excepto sobre otro ser humano. Así se establece en el Génesis: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Ge. 1.28). De ahí que las relaciones donde prevalece el intento de dominio entre unos y otros son tan conflictivas y destructivas.

Tampoco fuimos creados para vivir en el cielo, sino para administrar la tierra. Es el Señor quien gobierna en el cielo, y nosotros somos los encargados de gobernar la tierra con las herramientas del cielo. Con ello nos comparte su autoridad, no solo para que trabajemos para Él, sino juntamente con Él. Tal como lo dice Pablo: “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos” (2 Cor. 6.1). En el original griego, la palabra colaborador significa aquellos que cooperan, que ayudan y que trabajan juntos.

Por tanto, no necesitamos dominar a otros para cumplir nuestro propósito y realizar nuestra visión. En primer lugar, porque tanto nuestro propósito como el cumplimiento de nuestra visión están relacionados con los dones recibidos, y nadie puede realizar algo mejor que aquel a quien se capacitó para hacerlo. En segundo lugar, porque la orden fue hacer llegar a la tierra los principios del cielo, por lo tanto nuestras relaciones deben sustentarse en los tres principios fundamentales del reino de los cielos: “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14.17).

En nuestro país siguen prevaleciendo las relaciones de dominio de unos sobre otros, es por ello que sobresale el poderoso, el mejor hablador y el más astuto. La picardía es reconocida y aplaudida por sobre las capacidades otorgadas a cada uno para gobernar. Sin embargo, seguimos siendo un pueblo religioso que se congrega cada domingo, creyendo que lo que se hace entre lunes y sábado no tiene que ver con la misión “espiritual” que el Señor nos ha encomendado. Esta dicotomía es producto de una cultura religiosa que nos enseñó falsamente que lo que sucede a nivel profesional es independiente de lo que sucede a nivel espiritual, como si los seres humanos no fuéramos uno: cuerpo, alma y espíritu.

Así, para que nuestras relaciones familiares, sociales, económicas y políticas sean sólidas y den fruto, deben estar sustentadas en los principios del reino de los cielos. El plan del Señor es que así como Él gobierna el reino invisible del cielo, nosotros gobernemos con ingenio el reino visible en la tierra. Al hacer esto, Él comparte su autoridad con nosotros, y nos reparte capacidades para poder realizarlo.

Sin embargo, si bien es cierto fuimos hechos a su imagen, también como expresión de su amor, nos dio libre albedrío. Esto nos ha tentado de gobernar a nuestra manera, olvidando que el éxito de nuestra gobernanza, dependerá de nuestra constante comunión y dependencia de Él.

La palabra arrepentimiento significa literalmente cambiar nuestra forma de pensar, modificar la forma como hemos venido entendiendo las cosas, por lo tanto, es urgente modificar la forma en que hemos entendido nuestra labor de gobernar, y administrar la creación del Señor en nuestro país.

Tags:

  • ingenio
  • dominio
  • ser humano
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