¿Cuál será la parte de “no hay” que no entienden?

Sería ya bastante patético pero todavía válido decir que vivimos a “coyol quebrado, coyol comido”, pero es que ni siquiera quedan más coyoles por quebrar. No hay dinero. Así de simple.
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¿Cuál será la parte de “no hay” que no entienden?

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<p>[email protected]</p><p></p><p>El Consejo de Ministros aprobó la semana pasada el Presupuesto de Ingresos y Egresos de la Administración Pública. Según informó el ministro de Hacienda, los egresos presupuestados ascienden a poco más de $4.5 mil millones, solo unos $300 millones por encima de lo presupuestado para el año fiscal en curso. En tiempos normales talvez sería una buena noticia un incremento tan pequeño, de un año al siguiente, en los gastos e inversiones que proyecta el aparato estatal. El problema es que no estamos en tiempos normales. A más de tres meses de cerrar el ejercicio fiscal 2012, las arcas del Estado están secas y el gobierno está necesitando con urgencia que se hagan los desembolsos de un préstamo contraído para financiar gastos corrientes.</p><p>No hay dinero para sostener el subsidio al transporte público, ni para abastecer a los hospitales, ni para reparar la red vial, ni para alimentar a los agentes de la corporación policial, ni para el pago de deudas (atrasado ya varios meses) a varios proveedores de bienes y servicios. Ni hablar de nueva infraestructura educativa o carcelaria, o de inversión para actualizar la formación de los recursos humanos que requiere el desarrollo económico en el marco de la competitividad regional. Ni hablar de avances significativos en la solución del déficit habitacional o de inversión en espacios recreativos para nuestros jóvenes.</p><p>Sería ya bastante patético pero todavía válido decir que vivimos a “coyol quebrado, coyol comido”, pero es que ni siquiera quedan más coyoles por quebrar. No hay dinero. Así de simple. Y no solo no se ha trabajado para crear las condiciones necesarias para el crecimiento económico, sino que los políticos se han encargado de anular las pocas condiciones que antes existían, de forma que no es posible proyectar con realismo un nivel de ingresos que respalde los egresos del presupuesto que aprobó el Consejo de Ministros para 2013.</p><p>No hay dinero. No-hay. ¿Cuál será la parte de esa breve frase que no logran entender los responsables de las finanzas públicas? En esa categoría entran el presidente de la república, que dicta o no dicta las políticas; el ministro de Hacienda, que pone los límites de gasto a cada institución; los demás ministros, que asienten sin conocer bien todo lo que están aprobando. Pero también entran, y de manera muy prominente, los diputados de la Asamblea Legislativa, a quienes la Constitución hace responsables de decretar el presupuesto y sus reformas (art. 131, inciso 8.º).</p><p>Pero resulta que los diputados adoptan la misma actitud de ignorar los datos de la realidad. Días antes de que el presupuesto general terminara de ensamblarse para ser enviado a consideración del Consejo de Ministros, los diputados aprobaron su propio presupuesto de egresos, con un millón y medio de dólares por encima del presupuesto de 2012. Y ¿saben qué? No hubo discrepancias ni confrontaciones. Lo aprobaron rápidamente con 80 votos. Esta vez sí fueron muy diligentes y se apegaron a los tiempos que manda la ley.</p><p>El proyecto de presupuesto contempla reducciones por más de 40 millones en el manejo administrativo del subsidio al gas y en el monto del subsidio al transporte de pasajeros, pero se queda definitivamente corto en muchas otras reducciones que deben hacerse, no solo por el déficit de ingresos, sino porque se trata de gastos verdaderamente escandalosos en un país con tantas necesidades sociales.</p><p>Hablamos de gastos no solo en las dependencias del Órgano Ejecutivo, sino también en el Legislativo y Judicial. Debe reconocerse como un importante logro gubernamental el “Anteproyecto de ley de la función pública”, elaborado con altos estándares técnicos por la Subsecretaría de Gobernabilidad y Modernización del Estado.</p><p>Pero esa herramienta, aun si llega a convertirse en ley sin modificaciones que la desvirtúen, difícilmente puede producir ahorros significativos mientras prevalezca la mentalidad de clientelismo político en la contratación de miles de plazas innecesarias y en la asignación de salarios muy por encima de lo que corresponde en el mercado laboral a personas con similares competencias y responsabilidades.</p><p>Los diputados que deben aprobar el presupuesto son los primeros en hacer feria con el dinero de los contribuyentes. Eso tiene que cambiar.</p><p></p>

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