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Cualquier intento de copar las instituciones y de coartar las libertades a favor de una línea ideológica es un atentado directo contra la democracia

Los que creemos en la libertad y la practicamos a diario en nuestras actividades respectivas estamos en el deber de perseverar por todos los medios en su defensa y en su promoción. Cualquier señal de que el régimen de libertades puede ser agredido o debilitado debe ponerse inmediatamente en evidencia, activando los mecanismos de defensa pertinentes. La alerta no puede descansar ni un solo instante.
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Afortunadamente, la tendencia predominante en todas partes, a pesar de que persisten las ambiciones autoritarias y totalitarias disfrazadas de distintas maneras, es hacia la consolidación de la democracia como régimen garante de las libertades ciudadanas y de los postulados realistas del progreso. Esto hay que valorarlo de manera consistente, tanto para continuar los esfuerzos efectivos en esa línea como para mantener una vigilancia estricta y sin desmayo frente a cualquier señal que indique que las tentaciones antidemocráticas están vivas y dispuestas a imponer sus políticas de control total y de hegemonía absoluta. Y es en el campo de la izquierda donde los resabios de la ideología marxista-leninista se niegan a aceptar los mandatos del fenómeno real que desmanteló por su cuenta a la Unión Soviética y sigue haciendo colapsar todas las fórmulas que han nacido bajo su sombra.

El gran antídoto contra esas tentaciones de lograr el predominio excluyente por parte de una línea política determinada es la democratización sostenida con empeño inquebrantable por parte de todos aquellos que creen en la libertad como fundamento supremo de la paz y de la sana y constructiva convivencia. Es pues absolutamente esencial que la democracia vaya tomando todos los arraigos posibles, y no sólo dentro de la institucionalidad establecida sino también, y de manera muy concreta, en el pensar y en el sentir de la ciudadanía. Ésta debe blindarse frente a los viejos cantos de sirena, que le ofrecen el oro y el moro a cambio de dejarse seducir por promesas incumplibles, como son las que abundan en el populismo más en boga.

Las intenciones hegemónicas de la izquierda regional han vuelto a manifestarse en el curso de la reunión del llamado Foro de Sao Paulo, que tuvo lugar en Managua, Nicaragua. Dicho Foro está integrado por múltiples organizaciones políticas de esa línea, incluyendo al FMLN, y que ahora enfrenta grandes problemas por la inviabilidad de los regímenes que la representan en el área, con Venezuela a la cabeza. En el texto resultante denominado “Nuestra América en pie de lucha” se establecen lineamientos para conservar el poder conseguido, recuperar el poder perdido y extender esa lucha a todos los ámbitos de la sociedad. En el fondo, aunque al final no se puso así pese a estar considerado en el documento base del Foro, el propósito de fondo es copar todos los espacios institucionales y controlar sin miramientos los mecanismos y medios de comunicación, en detrimento de las libertades básicas.

El momento actual, en El Salvador y en todos sus entornos, está cargado de amenazas y de riesgos, que en buena medida se generan por las distorsiones políticas que no dejan de manifestarse. Y entonces lo primero que hay que preservar y cuidar es la democracia misma, que va fortaleciéndose de manera progresiva con el ejercicio continuo, pero que todavía muestra muchos flancos débiles y muchas rendijas preocupantes.

Los que creemos en la libertad y la practicamos a diario en nuestras actividades respectivas estamos en el deber de perseverar por todos los medios en su defensa y en su promoción. Cualquier señal de que el régimen de libertades puede ser agredido o debilitado debe ponerse inmediatamente en evidencia, activando los mecanismos de defensa pertinentes. La alerta no puede descansar ni un solo instante.
 

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