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Cuando la demagogia se impone sobre la realidad los efectos se vuelven contraproducentes en todos los sentidos

El caso más notorio de este momento es el conjunto de maniobras dirigidas a establecer un salario mínimo con evidentes propósitos de ganar réditos electorales, sin tomar en cuenta los gravísimos daños que puedan causarse con ello en el campo económico.
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Es claro que en nuestro país la cultura política continúa estando muy marcada por obsoletas tendencias ideológicas y por la falta del adecuado respeto a la lógica democrática que es la que debe regir nuestro proceso de evolución nacional. Esto hace que las dinámicas de interacción entre sectores y entre fuerzas se siga dando como una lucha por ganar terreno a como dé lugar, sin tomar en cuenta que hay una realidad a la que atender de manera racional y responsable para que puedan activarse de veras el progreso y la prosperidad que con tantas ansias acumuladas espera nuestra gente en todos los niveles del cuerpo social. Aunque el esquema político se ha mantenido estable durante toda la posguerra, la falta de madurez en las relaciones entre los actores que se mueven en dicho escenario es aún muy escasa y a cada instante produce trastornos y conflictos perfectamente evitables.

La tentación demagógica es otro factor que interfiere de distintas maneras y por diversas vías en la buena marcha del proceso, y eso también se percibe como amenaza desestructuradora en el día a día. El caso más notorio de este momento es el conjunto de maniobras dirigidas a establecer un salario mínimo con evidentes propósitos de ganar réditos electorales, sin tomar en cuenta los gravísimos daños que puedan causarse con ello en el campo económico. El propósito claramente demagógico no se oculta: es ganar voluntades a toda costa, con el cubrimiento de un interés supuestamente social. Para lograr ese objetivo se manipula la configuración del Consejo Superior del Salario Mínimo y se acelera artificiosamente el tiempo de entrada en vigencia de la medida apresurada para tratar de evitar reacciones correctivas en el plano legal; pero aun así ya hay recursos legales de impugnación en camino.

Desde una perspectiva responsable, es claro que hay que tratar de ir fortaleciendo los ingresos económicos de todos aquellos que viven de su trabajo diario en actividades de la más variada índole, aunque esto tiene que ir haciéndose de tal manera que en ningún momento se convierta en un arma de doble filo tanto para la estabilidad del sistema productivo como para el desarrollo del mismo. Si el salario se aumenta sin tener en cuenta las variables de la realidad, lo que se provoca es un efecto regresivo que puede tener consecuencias imprevisibles. De inmediato han surgido las voces conocedoras que alertan sobre el daño que un aumento como el acordado podría causarles a las empresas más pequeñas y a los sectores productivos más vulnerables. Se avizora un incremento significativo del desempleo, una escapada de empresas instaladas en el país y un impacto expansivo en la ya masiva informalidad que padecemos.

¿Qué se gana en definitiva con este tipo de medidas temerarias? Darle alas a la inseguridad y ponerle cada vez más trabas a la predictibilidad. Y, por otra parte, lo que esto demuestra es una grave miopía en relación con el manejo de un tema tan determinante como es el del crecimiento económico, que no puede estar a merced de los intereses políticos sino que se debe tratar como una cuestión de alta responsabilidad para todos los sectores, comenzando por el gubernamental.

Esperamos que esto no se quede así, y que las rectificaciones puedan surgir dentro del marco institucional y legal. Para favorecer en serio a la población hay que actuar de tal manera que el remedio no resulte peor que la enfermedad.

Tags:

  • salario minimo
  • posguerra
  • inseguridad
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