Cuando la realidad se trata mal las respuestas de ésta se vuelven cada vez más incontrolables

¿Qué enseña la realidad mundial en estos días? Que la necesidad extensiva de renovaciones reales en prácticamente todos los órdenes de la vida humana genera un desconcierto que debería ser tratado en clave inspiradora.
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Cuando la realidad se trata mal las respuestas de ésta se vuelven cada vez más incontrolables

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Si algo hay que tener presente en cualquier tiempo y circunstancia es que los seres humanos nunca somos capaces de regir la realidad a nuestro antojo e interés: lo más que podemos hacer, y resulta imperativo que lo hagamos, es comprometernos a administrarla en cada momento conforme a las condiciones y requerimientos de esa misma realidad. Pero, según se puede constatar a lo largo de la experiencia histórica generalizada, la tentación de tratar a la realidad como si fuera hija de dominio al estilo antiguo nunca deja de pugnar por imponerse, como si la experiencia reiterada a lo largo de todas las épocas y latitudes no fuera suficiente para hacer entrar en razón a las generaciones y a los liderazgos sucesivos.

Ante los vicios reiterados hay que mantener en pie reiterativas advertencias de corrección; y eso es lo que justifica que este tema, que para tantos es irrelevante y aun inexistente, se tenga que mantener vivo en procura de rediccionamientos actitudinales, tanto desde la institucionalidad como desde la sociedad. Y, como también repetimos cada vez que es oportuno, la realidad es un juego de círculos concéntricos, que va hoy desde lo estrictamente personal hasta lo global más amplio, porque en estos tiempos, dada la extraordinaria expansión de los medios comunicativos, todos estamos a la vez en nuestro pequeño espacio y en el ancho mundo. El mapamundi está al alcance de todos, lo cual abruma y libera a la vez.

¿Qué enseña la realidad mundial en estos días? Que la necesidad extensiva de renovaciones reales en prácticamente todos los órdenes de la vida humana genera un desconcierto que debería ser tratado en clave inspiradora. ¿Y qué enseña la realidad nacional en estos días? Exactamente lo mismo, con los matices que determinan nuestras propias condiciones. Y es en los planos políticos donde dichas renovaciones se vuelven cada vez más apremiantes y urgentes. Por eso es que estamos viendo, por todas partes, expresiones sin precedentes, que, si bien se analizan, no son trastornos casuales sino señales de advertencia sobre lo que se está manifestando o va a manifestarse en el futuro próximo.

Si no, veamos lo que ocurre en países que hasta no hace mucho parecían tan distantes de nuestras realidades etiquetadas como tercermundistas, un término que cada vez se usa menos y vale menos. España inició su andadura democrática luego de la muerte de Franco, el “Caudillo”, y en especial desde la Constitución de 1978, que tenía entre sus propósitos “establecer una sociedad democrática avanzada”. Fue sin duda un notable reconocimiento de lo que la realidad demandaba. El régimen se ha mantenido incólume en lo básico, pero los partidos políticos y sus liderazgos no han sido capaces de lidiar con las aspiraciones modernizadoras de la ciudadanía, que en las elecciones más recientes desarticuló el equilibrio partidario que se había ido volviendo cada vez más artificioso. Y hoy las fuerzas no hallan qué hacer.

En nuestro país, la andadura democrática inició en 1980, casi al mismo tiempo que en España. Aquí vino la guerra de inmediato, que no duró 3 años sino casi 12, y que tuvo un desenlace muy diferente a nuestro favor. Se están cumpliendo este año 80 del inicio de la Guerra Civil Española, y el hecho de que hubiera un vencedor absoluto hizo que la verdadera posguerra iniciara 36 años después. En nuestro caso, la posguerra comenzó en cuanto se firmó el Acuerdo de Paz. Pero tampoco hemos sabido leer la realidad como se debe. Estamos cargados de rezagos irresponsables y de pesadas tareas pendientes.

Una de las cosas más reveladoras que se están haciendo patentes en esta era de transversalidades globales es que en todas partes se cuecen habas, prácticamente las mismas habas. Y eso es así porque, aunque los fenómenos culturales, políticos y económicos determinen situaciones diversas, la naturaleza humana continúan ejerciendo su influencia básica. Las emociones y las pasiones siguen pudiendo más que las razones y los conceptos. Aquí y en cualquier parte.

Esa es también una realidad que hay que tener en cuenta a cada paso. Y en lo que se refiere a lo que ocurre en nuestro ambiente, lo que nos toca es activar todas las formas de racionalidad responsable para no continuar atrapados en los diversos círculos viciosos de la conflictividad estéril.

Tags:

  • realidad
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  • institucionalidad
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