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Cuando las crisis se vuelven oportunidades

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José Afane

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En el año 1900, dos vendedores de zapatos ingleses decidieron buscar suerte en el África. Después de una semana en su nuevo destino, cada uno escribió una carta a sus respectivos hogares. El primer vendedor escribió: "Las oportunidades son malísimas, aquí todo el mundo anda descalzo. Regreso a Londres en el siguiente barco". El segundo vendedor vio un vaso medio lleno: "¡Este lugar es increíble! El potencial del mercado es enorme; aquí me quedo".

Es fácil ver la situación de nuestro país desde la óptica del primer vendedor. La lista de males es enorme, da ganas de tirar la toalla. ¡Momento! Si atacamos nuestros problemas con la visión del segundo vendedor, sí podemos salir adelante. Es hora de ver nuestro vaso medio lleno en busca de soluciones. Una forma de hacerlo es implementar asocios público-privados (APP).

En El Salvador, "privatización" ha sido una palabra satanizada. Como si en los hospitales públicos y los del ISSS, los enfermos no tuvieran que hacer largas filas en busca de alivio, y la medicina abundara. Como si las escuelas públicas estuvieran compitiendo en calidad con las del sector privado. Como que los costos del gobierno para resolver emergencias fueran menores que los del sector privado. Como que no existiera el flagelo de la corrupción dentro del gobierno.

Con nuestro déficit fiscal (arriba del 70 % del PIB), la capacidad de maniobra del actual gobierno es bastante limitada, y existe el riesgo de mayor endeudamiento, por la desesperanza de solucionar tanta necesidad: la falta de agua y energía en las zonas más pobres del país; el transporte público; el equipamiento adecuado de las fuerzas de seguridad; la construcción del anillo periférico de San Salvador (por cierto, pensemos en el futuro y dejemos de construir colonias en los lugares donde pasará el periférico).

Es necesario pensar diferente: frenemos la sed de préstamos, ocupando al sector privado para tanta inversión necesaria; reformemos la ley de APP de una forma que el inversionista se sienta seguro, y no le pase lo de los italianos de la CEL-Enel.

En los países desarrollados, tiempos se dieron cuenta de que la administración pública es cara e ineficiente. Que la empresa privada soluciona de una manera más efectiva y eficiente. Al igual que el segundo zapatero, muchos países han visto la oportunidad para el desarrollo, y se han enfocado en sacarle provecho a las APP, sin que les temblara el pulso con solo escuchar la palabra privatización.

Sueño con un El Salvador que dé pasos gigantes solucionando tanto problema. Un país en el que ningún joven obtenga su título sin quemarse las pestañas. Con un transporte público eficiente y seguro. Con menos trabazones gracias a, finalmente, un anillo periférico. Con menos burocracia y más eficiencia. Con los APP en plena acción.

Sigamos el camino del desarrollo, no el hoyo de la deuda. Busquemos financiamientos modernos y diferentes, como por ejemplo la inversión ciudadana en proyectos público-privados, por medio de la bolsa de valores.

Como pueden ver, formas innovadoras de buscar el progreso, las hay. Lo que falta es mayor voluntad para pensar diferente, para innovar, para arrancar el motor de nuestra economía.

Podemos tirar la toalla como el primer zapatero, pero lo mejor es seguir los pasos del segundo zapatero, en un camino hacia el desarrollo, en el que convirtamos la crisis en oportunidad. Adelante caminante, se hace camino al andar.

Tags:

  • asocios público-privados
  • privatización
  • déficit fiscal
  • préstamos
  • desarrollo

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