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Cuando se habla de corregir el rumbo de país en verdad se está hablando de orientar todos los esfuerzos hacia el bien común

Cuando el juego político se ha habituado a ser más retórica que acción se vuelve más difícil reconducirse por los carriles de la sana competencia, que busca producir efectos mensurables y no sólo ruidos carnavalescos.
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Es siempre muy ilustrativo tener en cuenta el pensar y el sentir de la ciudadanía al hacer valoraciones sobre lo que pasa, y muy especialmente sobre lo que se espera que vaya dándose de aquí en adelante. En tal sentido, como lo hemos subrayado cuantas veces ha sido oportuno y conducente, es de mucha importancia orientadora la opinión de los ciudadanos cuando afirman sistemáticamente en encuestas de la más diversa procedencia que El Salvador va por el rumbo incorrecto. Esto grafica sin duda el malestar ciudadano por las distintas adversidades que atribulan el diario vivir de la gente, pero también es un dato revelador de que la ciudadanía identifica realidades y activa percepciones sobre las mismas.

Lo que va quedando cada vez más en claro es que el poder y las distintas fuerzas que se mueven a su alrededor ya no pueden ejercer las hegemonías de antaño, ni mucho menos ampararse como antes en una impunidad protectora hasta de los peores abusos y desmanes. La democratización va haciendo lo suyo en clave correctiva y reparadora, y aunque falta mucho por lograr hay buenos indicios de que tal dirección es irreversible. Todo esto nos permite reconocer que las condiciones se van volviendo intensivamente promotoras de una reorientación general de las políticas públicas, no a partir de percepciones parcializadas sino en razón de seguirle la pista a lo que quiere y necesita la población en su conjunto.

La ciudadanía como sujeto que representa una amplia suma de voluntades no mueve su pensamiento básico por obsesiones ideológicas ni por intereses excluyentes, sino que va buscando obtener los beneficios correspondientes que resultan de una adecuada gobernabilidad; y cuando la opinión ciudadana se pronuncia por corregir el rumbo de país en verdad quiere poner énfasis en la necesidad de entrar en zona propositiva en vez de mantenerse en el estéril cruce de descalificaciones obstructoras. Cuando el juego político se ha habituado a ser más retórica que acción se vuelve más difícil reconducirse por los carriles de la sana competencia, que busca producir efectos mensurables y no sólo ruidos carnavalescos.

Hay que discernir, entonces, cuál sería en estas precisas circunstancias el rumbo que responde a lo que la población salvadoreña pretende obtener del buen funcionamiento del Estado y del adecuado ejercicio de las posibilidades de progreso que son verdaderamente factibles. Es claro que la gente quiere, en primer lugar, seguridad y desarrollo, no sólo en términos generales sino en relación con los individuos concretos; y si eso no se garantiza de manera comprobable y permanente de seguro los ciudadanos se seguirán quejando de la incorrección del rumbo y de la incompetente conducción del país.

Es saludable que la ciudadanía manifieste abiertamente sus insatisfacciones y sus inconformidades, así como también lo es que se exprese en lo que le satisface y le estimula; y lo normal e inteligente por parte de los liderazgos institucionales, tanto públicos como privados, es que tanto lo positivo como lo negativo tenga la influencia debida en la generación de iniciativas, en la construcción de políticas y en la proyección de metas alcanzables.

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