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¿Cuándo se tocará fondo?

Físicamente hablando es cuando se llega al final de una hondonada, puesto que una caída comúnmente se asocia con lo físico, con la superficie; pero las hay de orden emocional, espiritual, mental y financiera (individual y empresarialmente hablando). Tu vida entera se vuelve al revés y es un verdadero drama. No puedes ir más bajo de lo que estás y entonces se presenta la disyuntiva de vivir o superar la crisis.
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Pero las personas jurídicas, las sociedades y los gobiernos también experimentan resbalones. Las sociedades (jurídicas) experimentan crisis de iliquidez, de insolvencia, de quiebra; son vendidas en subasta, clausuradas, desaparece su razón social. Las sociedades como un conglomerado de personas naturales que habitan un país experimentan crisis de valores morales y éticos. Es una sociedad en decadencia se suele decir.

Cuando los individuos no tienen ningún tipo de participación ciudadana, ignoran o se desatienden por completo de los problemas que aquejan el país que habitan, dejan de ser ciudadanos en el sentido estricto del término y se vuelven habitantes que vegetan, sin aportar nada, consumen, generan violencia, no producen; siendo parte de la crisis y no la solución.

El ciudadano productivo y contribuyente efectivo clama por un ambiente de paz, desea vivir en su país laborando con sus habilidades, competencias y especialidades, sin la amenaza de morir acribillado, aun cuando una minoría pudiente tenga que vivir en casas sin cara, invisibles a la envidia y a la codicia de los demás. Otros que no pueden pagar el metro cuadrado en las alturas, mucho menos castillos, se tienen que conformar con residencias en zonas protegidas por sistemas electrónicos de seguridad y por guardianes.

Hay otra clase que opta por la política, ciencia o arte de la que algunos pueden vivir, sin ser necesariamente productivos en el sentido estricto de la palabra. Basta pensar que no generan valor agregado alguno en los quehaceres que realizan. Hay otros que alcanzan a ser funcionarios y en esa oportunidad tienen la posibilidad de ser productivos no materialmente, en el sentido estricto del término, pero sí, ejerciendo sus funciones para beneficio colectivo y no para beneficio propio.

Debemos como ciudadanos participar en el renacimiento país. Los políticos ejerciendo un cargo público; se me ocurre pensar en los diputados, porque son líderes por accidente o representantes del poder económico permanente y eventualmente del pueblo que ha delegado el poder en ellos con la hipótesis de que lo ejercerán de manera eficiente, con resultados efectivos como el lograr crecimiento económico y una mejor distribución del ingreso; como hechos concretos y forma efectiva y comprobada mundialmente hablando, de asegurar la paz y la estabilidad social perdurable, sin acuerdos de fachada.

Los ciudadanos de este país son como los del chistecito que circula en los dispositivos móviles, que saben que son pasajeros en un avión conducido por un piloto y un copiloto, ambos ciegos, que al saber que la pista está por terminarse, gritan; alaridos que es precisamente la señal que los que manipulan los controles del avión en la cabina esperan oír para levantar el vuelo. Una forma de “gritar” es pronunciándose de la forma a nuestro alcance.

La comunidad financiera internacional ha estado enviando señales claras de alerta para impedir que el país llegue al fondo (default o cesación de pagos). Tenemos que actuar, asumir roles diferentes, alternativos, cada quien en sus actividades. Actitudes positivas requiere el país y no esa pasmosa y egoísta comodidad de dejar hacer, dejar pasar. Hay que dejar de ser cautivos del miedo en su prisión individual.
 

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