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Cuidemos el esquema político multipartidario para que el sistema nacional cumpla su función de estructura básica

Los cambios evolutivos se tienen que ir articulando en el curso del tiempo, de tal manera que no haya quiebres aventurados ni saltos en el vacío que pongan en riesgo la estabilidad del proceso en su conjunto.

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La competencia política dentro del marco democrático imperante constituye el factor que más vivifica al sistema y preserva su saludable continuidad en el tiempo, aquí y en cualquier parte. Esto hace que el desenvolvimiento sano y consistente de dicha competencia sea la base estructural del accionar nacional en los más diversos campos, y más cuando, como ocurre en el caso salvadoreño, dicho accionar está aún en fase de consolidación por todo lo que falta que aprender, proyectar y aplicar en tal sentido. Nuestra sociedad ha sido muy responsable en el manejo y en cuido de su esquema político multipartidario, pese a no contar con ninguna tradición al respecto; y tal responsabilidad tiene que ser refrendada constantemente para que los avances nacionales puedan irse dando sobre terreno firme.

Este momento de la coyuntura histórica que ahora mismo está en proceso se ha vuelto un intenso conjunto de desafíos para la sostenibilidad actual y progresiva prácticamente en todos los órdenes; pero lo cierto es que no estamos dejando una zona segura para entrar en otra cargada de incertidumbres básicas, sino todo lo contrario: venimos de estar sometidos a una falsa seguridad y vamos hacia un área de posibilidades que pueden abrirnos perspectivas mucho más realistas y proclives a la estabilidad permanente, que es lo que nuestro sistema requiere para poder dar todo de sí. Dentro de tal perspectiva hay que ir activando las condiciones de un El Salvador en tránsito hacia el mañana.

Se debe tener en debida cuenta también, para no caer en la distorsión de los juicios radicales de cualquier índole, que en el curso del proceso reciente de nuestra evolución hemos tenido logros estructurales muy decisivos; y entre ellos el esquema político vigente es uno de los más relevantes. Hasta el mismo inicio de la posguerra para muchos resultaba inverosímil que pudiera darse un ejercicio de alternancia en forma pacífica y sin volatilidades peligrosas, y tal ejercicio es el que se ha producido precisamente hasta la fecha, lo cual evidencia que los salvadoreños hemos entrado en una dinámica evolutiva que apunta muy positivamente hacia adelante, aunque desde luego todo dependerá en definitiva de que todas las fuerzas en juego vayan haciendo lo que les corresponde para asegurar y garantizar que el desenvolvimiento político en el tiempo se dé según la democracia establece.

Lo que más se necesita es propiciar un clima de convivencia que permita consolidar los ejercicios normales en todos las áreas de la vida nacional y promover las renovaciones consistentes que tengan que darse en perspectiva. En esa línea, los cambios evolutivos se tienen que ir articulando en el curso del tiempo, de tal manera que no haya quiebres aventurados ni saltos en el vacío que pongan en riesgo la estabilidad del proceso en su conjunto. Ahora mismo estamos en una coyuntura de prueba al respecto, y todas las fuerzas políticas, independientemente de la suerte que hayan corrido en las recién pasadas elecciones, están llamadas a responsabilizarse de su propio futuro y del futuro del país.

Todo lo anterior representa una convocatoria histórica del más alto nivel, que no puede ser evadida por nadie sin exponerse a las más graves consecuencias. Vamos en caravana nacional como nunca antes, y así hay que asumirlo.

La política, pues, tiene que ir moviendo todas sus piezas dentro de dicha lógica de avance, y la ciudadanía se ha vuelto como nunca antes la guardiana de que sea así. Los acontecimientos más recientes dan prueba fidedigna de ello.

En el futuro inmediato habrá decisiones políticas cruciales para el país, y todos debemos participar y comprometernos al respecto con mucha más responsabilidad y creatividad que nunca. Es hora de hacer las cosas bien en conjunto.

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