Cultura de medición

Hace falta un gran esfuerzo por estimular la recopilación y sistematización de información que sirva de base para emitir juicios de valor. Es usual emitir opinión sin contar con información que permita sostener lo que se afirma. Y también es usual compartir opiniones sin buscar información para verificarla.

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Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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El Centro de Progreso Social recientemente difundió la investigación de “25 años de progreso social” en El Salvador. Utiliza el índice IPS que analiza 3 dimensiones, 12 componentes y 50 indicadores. Cuando se observa la tendencia en cada uno desde 1992, es alentador reconocer los resultados de esfuerzos e inversiones realizadas para promover el progreso social.

Hasta 2014 la tendencia es la mejoría... pero 2015 y 2016 tienen resultados cuestionables... se supone más inversión y los indicadores tienden a la baja.

En la dimensión de lo “básico” hemos mejorado en el 75 % de los componentes. Uno de ellos, el de seguridad personal, tiene un comportamiento desalentador. Por más que se ha hecho, por más que se cambia el discurso y la estrategia, y por más dinero que los ciudadanos aportan para “recuperar la seguridad”, la puntuación del indicador es preocupante.

Los homicidios son elevados, las muertes por tráfico son elevadas y los asesinatos extrajudiciales están en la puerta. Solo en uno de los indicadores se tiene mejor desempeño, el de terror político. ¿Qué significa esto? Que el resultado de los esfuerzos y recursos comprometidos no está dando los resultados esperados. Cualquiera concluye sobre la necesidad de replantear la estrategia porque seguramente se puede lograr más con el mismo financiamiento.

En la dimensión de los “fundamentos del bienestar” también hemos mejorado en el 75 % de los indicadores. Los resultados en acceso a conocimiento básico, a información y comunicaciones, y salud y bienestar registran una tendencia positiva. Es alentador. Pero estamos hipotecando el futuro con emisiones de carbono (CO2). A diario, en las calles y avenidas de nuestro país se ven buses de transporte público contaminando el ambiente y envenenando a la gente. Hay regulaciones que no se cumplen y hay contradicciones en la administración pública. El impacto en el sistema de salud, a nadie le importa.

Nos estamos quedando sin bosques. No hay planificación ni ordenamiento territorial. Aunque hay leyes, en el territorio se hace lo que cada quien quiere sin importar el tipo ni la vocación del suelo. Y en energía renovable, estamos mal. Los esfuerzos tienen limitaciones legales, los incentivos no funcionan y “terminamos siendo más dependientes de fuentes no renovables de energía” dice el informe. Y esto sucede mientras otros países van a la delantera porque tienen conciencia y son coherentes.

En la dimensión “determinantes de la oportunidad” hemos mejorado en el acceso a la educación superior pero, en el 75 % de los indicadores la tendencia es a la baja. La libertad de personal de elección la estamos perdiendo. Los derechos personales se han estancado. Ya no podemos movilizarnos con libertad fuera de nuestras viviendas. Y nos hemos convertido en una sociedad poco tolerante, y con la población inmigrante, la intolerancia se traduce en burocracia.

Hay medición de indicadores. 25 años de inversión social han dado resultados, pero el informe es claro en identificar las áreas en las que debe revisarse y redefinirse la política pública. No hay por dónde perderse.

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