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Cultura, historia y arte, esperando su turno

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José A. Retana

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Es difícil hablar sobre cultura, cuando nuestras ideas, comportamientos y prácticas sociales han sido condicionados a menospreciar los hábitos y costumbres propias, dejando perder el valor de la identidad cultural.

Es difícil hablar de historia, cuando damos mayor importancia a hechos afines a nuestra identidad ideológica, apartando aquellos que difieren con esa versión de la verdad.

Es difícil hablar de arte, cuando las ideologías han utilizado intelectuales de la cultura para cumplir objetivos propagandísticos, reduciéndolos a seres obedientes.

...Décadas atrás, nuestra América Latina fue sometida al ideal de una nueva concepción política, en donde muchos intelectuales –entusiasmados– optaron por ir más allá de lo tradicional y buscaron la transformación socio-política, desarrollando su trabajo con un criterio basado en el "latino americanismo".

Este movimiento empujó el arte y la cultura hacia la utopía del cambio social mediante el fomento de la revolución, hecho que creó un concepto negativo y generalizado de los intelectuales, especialmente los ligados con la cultura, historia y arte, ubicándolos como un grupo de seres extraños y nocivos a la sociedad.

Esa concepción del intelectual de la cultura fue muy significativa; sin embargo, esa enfermiza identificación política fue desvaneciéndose sin mayor relevancia, y hoy en día, recuperar ese tiempo perdido es necesario para despojar a la sociedad de aquellos antiguos paradigmas.

Esa responsabilidad recae hoy al nuevo gobierno, que, mediante su ministerio de cultura, debe velar (en síntesis): por la conservación y fortalecimiento de nuestra identidad cultural, su promoción y protección; por la defensa y divulgación imparcial de hechos y bienes históricos; y el fomento de toda expresión artística, así como el respeto, seguridad social y reconocimiento al mérito de los que contribuyen al desarrollo cultural del país.

Es imperativo que las instituciones que rigen su administración se alejen de cualquier sombra política y trabajen para construir un nacionalismo auténtico, de orgullo.

Imaginar nuestro país sin sus costumbres y hábitos heredados o adquiridos; sin leyes, política, ni religión; sin deporte, sin arte, sin urbanismo, sin creatividad, es visualizar un país inhumano en el que el consuelo de la música, el color, los sabores, la danza, la arquitectura, etcétera, se vuelven un simple protocolo turístico hacia el exterior, sin valor para el ciudadano...

En este mundo rutinario, la cultura hace interesante nuestro desarrollo social; la historia nos genera auto admiración y el arte lo documenta. El arte es el sueño colectivo de la humanidad, la expresión del sentimiento arraigado de una lucha constante por mejorar lo anterior. Valorar la cultura, la historia y las artes debe ser un anhelo nacional.

El crecimiento cultural es proporcional al progreso económico, la pobreza y la ignorancia lo estanca y lo depreda. Necesitamos políticas culturales más allá de la simple programación de actividades artísticas y mantenimiento del patrimonio arquitectónico. La cultura, la historia y el arte deben ser un eje importante para nuestros gobiernos, y estimar que más allá de los elementos físicos que podemos contemplar –los tres son factores de desarrollo– inmiscuidos de forma directa con la educación, seguridad, salud, economía y sobre todo el civismo, valor indispensable para el desarrollo de un nacionalismo auténtico, sin el complejo de conquistados ni las alienaciones que confunden los ideales de libertad, paz y desarrollo.

Tags:

  • cultura
  • historia
  • arte
  • latino americanismo
  • revolución
  • civismo

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