Cumbre de las Américas: una encrucijada

El pasado 11 de marzo apareció en los medios escritos la “Declaración del Gobierno de El Salvador”.
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En su primer párrafo dice: “El Gobierno de la República de El Salvador expresa, por este medio, su profunda preocupación por la reciente declaración del Gobierno de los Estados Unidos de América que califica a la República de Venezuela y a su gobierno, legítimamente electo, como una ‘amenaza’ para su seguridad nacional”. Supongo que otros gobiernos de la región que siguen la línea chavista, hicieron lo propio.

Hay que reconocer que el comunicado del gobierno salvadoreño es mesurado; aunque muchos lo asociarían con la admiración que siente el profesor Sánchez Cerén por el gobierno bolivariano, recordando aquella frase que ha quedado grabada para la posteridad: “es la luz que ilumina...”. Pero desde la fecha de dicho comunicado, mucha agua ha corrido bajo el puente; y conforme pasa el tiempo, el régimen venezolano se desnuda más frente al mundo como lo que es: violador de los derechos humanos, déspota, marrullero y disociador, interna e internacionalmente hablando.

Obviando las penurias y la victimización de que es objeto el noble pueblo venezolano, hoy el ilegítimo gobierno de Maduro vuelve por enésima vez a hablar de golpes de Estado y una supuesta invasión de parte de Estados Unidos. El motivo: haberles prohibido el ingreso y congelado propiedades a siete funcionarios venezolanos vinculados con el lavado de dinero y tráfico de drogas. Esto lo ha tomado como una injerencia en, y una violación de, la soberanía de su país, cuando más bien es él quien irrespeta descaradamente el derecho que le asiste al que llama “el imperio”, de aplicar sus propias leyes en procura de su seguridad nacional y la salvaguarda de su política exterior.

Pero claro, las reiteradas y enfermizas amenazas de conspiración a que nos tiene acostumbrados el gobernante venezolano tenían en este caso que estar respaldadas por una amplia vocería. Hoy ha llevado su causa a la UNASUR, ALBA y Petrocaribe, donde por razones de sobra conocidas, sus majaderías pueden encontrar un eco inusual. Sería una ingenuidad que lindaría con la estupidez, no pensar que estos encuentros han tenido como propósito principal unificar criterios y preparar una ofensiva contra Estados Unidos en la Cumbre de las Américas a llevarse a cabo en Panamá entre el 10 y 11 de abril próximo. Es en este foro donde nuestro país tendrá inevitablemente que enfrentar una encrucijada, de la cual difícilmente saldrá bien parado.

Si endosa acríticamente la previsible posición latinoamericana, la reacción de Estados Unidos podría no ser pasiva. Y aunque el presidente Obama tratara de restarle importancia al tema, no hay que olvidar que sus opositores en el Congreso no han sido entusiastas adherentes a iniciativas de ayuda económica que tanto necesita el país. Solo basta recordar el calvario que tuvo que pasar Fomilenio II, por la soberbia y las exigencias del expresidente Funes. Más problemática puede resultar la “Alianza para la Prosperidad”, que tiene opositores hasta en organizaciones privadas y en importantes medios de comunicación estadounidenses.

Si no avala la posición latinoamericana, tampoco va a salir airoso. Por lo menos quedará estigmatizado por mucho tiempo como un país –no su gobierno– que fragmentó la unidad regional. Pero si este fuera el caso, al menos habrá dejado implícito su rechazo a conductas perversas y criminales, como el irrespeto a los derechos humanos, el terrorismo, el lavado de dinero y la corrupción.

En todo esto no hay que pasar por alto que la última información que se está manejando en Estados Unidos y la Unión Europea vincula al gobierno venezolano con la mafia china y rusa y desde hace mucho tiempo con el gobierno terrorista de Irán. Es más, se le asocia con el encubrimiento del caso que llevó en Argentina a la muerte del fiscal Nisman, que tiene al gobierno de CFK en serios aprietos. Sin duda, a estas alturas nuestra diplomacia ya se activó. Veremos qué pasa.

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