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Curvas ignoradas

Una opción es reabrir gradualmente con base en el rango de contagio del coronavirus a nivel territorial.

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Rafael Ernesto Góchez - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Cinco curvas acaparan la atención de los medios de comunicación: (1) la curva de contagios y fallecidos por covid-19; (2) la relacionada con la contracción económica y el desempleo; (3) la del flujo de emigrantes y remesas; (4) la de homicidios y extorsiones; y (5) la de hogares afectados por las tormentas. Esto indica que los salvadoreños nos enfrentamos a una crisis inédita y que deberíamos diferenciar las causas de los efectos y los problemas de los dilemas.

La realidad nacional supera las discusiones que prevalecen en la opinión pública. Para muestra un botón: la curva de la pobreza y la de la participación ciudadana están siendo ignoradas o minimizadas. Los hechos sugieren que una sube y la otra permanece baja. Los dos millones de personas que viven en pobreza es probable que aumenten a tres millones en los próximos meses y la ciudadanización está siendo neutralizada por la concentración del poder en pocas manos y la falta de contraloría social sobre la aplicación de los recursos públicos.

El panorama es retador y exige que gobernados y gobernantes sean sensatos, responsables y consecuentes. La tarea es doble: (a) potenciar las fortalezas de los salvadoreños (laboriosidad, solidaridad, resiliencia y deseos de superación) y (b) prestar la atención debida a dos situaciones del acontecer diario en suelo cuscatleco: (1) dificultad de muchos compatriotas para usar los protocolos de bioseguridad y (2) falta de higiene y aglomeraciones en gran parte de los lugares donde se realizan las actividades informales.

Los problemas son múltiples y los dilemas sorprendentes. Veamos unos ejemplos de la vida nacional que subrayan la conveniencia de que los gobernantes tomen decisiones acertadas.

Problema 1. La contagiosidad del coronavirus y la debilidad del sistema de salud pública obligaron a tomar medidas drásticas y anticipadas. El confinamiento se ha prolongado, las actividades preparatorias para una reapertura se han retrasado y el millonario endeudamiento autorizado aún no llega al sector productivo.

Dilema 1: Reabrir pronto o parar la economía hasta que descienda la curva epidemiológica.

Problema 2. El hambre y las deudas personales, comerciales y gubernamentales aumentan diariamente, y la iliquidez pone en aprietos a la familia, la empresa y al Estado.

Dilema 2. Adquirir más préstamos externos para cubrir gastos públicos y necesidades básicas de la población o para rescatar y dinamizar el sector productivo (dar el pescado o enseñar a pescar).

Problema 3. La recesión económica y la falta de un acuerdo básico entre el GOES, la Asamblea Legislativa y el sector empresarial aumentan el riesgo país. El desequilibrio fiscal y las dificultades para obtener financiamiento externo pueden llevar a que El Salvador caiga en default (impago).

Dilema 3: Lograr un entendimiento para aplicar un ajuste fiscal o considerar el bimonetarismo.

Conclusión: es inconcebible que mientras la población lucha por aplastar la curva epidemiológica y recuperarse de las torrenciales lluvias, los gobernantes protagonicen una confrontación que impide balancear lo sanitario y económico. Una opción es reabrir gradualmente con base en el rango de contagio del coronavirus a nivel territorial. Esta ruta exige la preparación y el involucramiento de todos los sectores, y óptimo sería que se hiciera dentro de una estrategia de desarrollo local; ya que ello posibilitaría bajar la curva de la pobreza y subir la de participación ciudadana.

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