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Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo

Arquímedes estableció los principios sobre la palanca, refiriéndose a esta como una herramienta capaz de multiplicar la fuerza; valiéndose de ella se puede levantar cualquier peso, siempre y cuando se encuentre un punto de apoyo adecuado.
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La necesidad de contar con un punto de apoyo es porque la palanca oscila entre dos fuerzas: la potencia y la resistencia, siendo la potencia, la fuerza necesaria por aplicar y la resistencia es la fuerza por vencer.

La finalidad del uso de una palanca puede ser para vencer fuerzas o para lograr desplazamientos. Si trasladamos la frase de Arquímedes al plano social salvadoreño, podemos observar que en cuanto espacio hay de expresar opiniones, el denominador común es la petición, por parte de quienes opinan, de contar con las “palancas” para mover a El Salvador. Uno escucha que es necesario llevar a cabo reformas, aplicar leyes, dotar a las instituciones de capacidades y competencias suficientes para frenar el crimen de las pandillas, concesionar puertos y aeropuertos, terciarizar servicios, proporcionar mejores instrumentos de análisis a Medicina Legal, desarrollar planes que mejoren la economía, conseguir recursos para la inversión en diversos sectores, impulsar la innovación aplicando la tecnología, y otros aspectos.

Basta con que lea, vea y escuche los titulares de las noticias, entrevistas a líderes de opinión o navegue en internet, y usted se da cuenta de que los salvadoreños estamos ávidos de que nos entreguen las palancas para hacernos cargo de nuestro propio desarrollo.

Siempre hemos sido un país en donde tenemos más necesidades que soluciones a los mismos, y en ese contexto, hemos sabido convertirnos en expertos sorteadores de toda clase de suerte u obstáculo que se nos haya puesto enfrente. Si la historia hubiese sido diferente, esta columna tuviese otro tema y contenido.

Regresando a las finalidades del uso de la palanca, nosotros necesitamos usar la potencia para lograr deslizamientos, ya que el vencer fuerzas trae por consecuencia, únicamente, un desgaste social y económico, en el cual los ganadores son las fuerzas partidistas políticas, que acarrean los temas críticos de resolver hacia la arena política, en donde las opciones de solución se pierden en el laberinto de protocolos, diseñados, para entrampar en lugar de agilizar. Necesitamos provocar las acciones, desde la sociedad misma, con una alianza intersectorial clara y una visión de país, orientadas a lograr deslizamientos o movimientos que solucionen los problemas que tenemos.

Debemos indagar en la población misma las necesidades prioritarias por atender y también hacerlo en el contexto de las relaciones del país con otros países, para que las prioridades sean resueltas de manera integral. Conocidas las prioridades, sin contaminación política ni gubernamental, hay que establecer las “palancas” indicadas para mover el país, definiendo cuáles, en qué cantidad, cuándo y dónde contar con esas, así como quiénes serán los responsables del uso eficiente y eficaz de las mismas, finalmente, quiénes serán los responsables de rendir cuentas a la población por los resultados esperados.

Para que el desplazamiento por lograr sea trascendental, hay que definir las metas esperadas, con una transparente medición, entendible por la mayoría de los salvadoreños; también, crear las estructuras de trabajo en equipo (privado-público e inter-privado, inter-público); desarrollar las metodologías adecuadas para usar las palancas eficientemente; manejar el presupuesto con transparencia y eficacia; aplicar la tecnología con visión de largo plazo e innovar en cada tramo del desplazamiento.

Seamos conscientes de que con las discusiones, debates, etcétera, sin dejar de lado que son productivos, no es palanca suficiente para mover al país.

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