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De Kolbe a Romero

De igual manera que la crueldad ciega derramó la sangre de nuestro beato Monseñor Romero durante el conflicto armado salvadoreño (1980, época del presidente Duarte y la guerrilla del FMLN), en el horrible conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial (año 1941)
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De igual manera que la crueldad ciega derramó la sangre de nuestro beato Monseñor Romero durante el conflicto armado salvadoreño (1980, época del presidente Duarte y la guerrilla del FMLN), en el horrible conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial (año 1941) también fue martirizado un sacerdote franciscano, Maximiliano Kolbe, quien fue detenido y enviado a Auschwitz, denominado como uno de los peores campos de exterminio nazi, cuando un día pidió ser ejecutado a los 47 años para salvar la vida de otro prisionero del campo que tenía esposa e hijos. Por su martirio fue nombrado santo por San Juan Pablo II en 1982.

Precisamente el papa Francisco en su visita a dos campos de concentración en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2016 ha dicho conmovido después de orar en silencio en sus instalaciones: “La crueldad no se ha acabado en Auschwitz o en Birkenau. Hoy también se tortura a la gente. Tantos prisioneros son torturados para hacerles hablar. Es terrible... Hay mujeres y hombres que se encuentran hacinados en cárceles como si fueran animales. Hoy existe esta crueldad... ¡Cuánto dolor! ¡Cuánta crueldad! ¡Cómo es posible que nosotros, hombres, creados a semblanza de Dios, seamos capaces de hacer lo que se ha hecho!”

Sus palabras reflejan también lo que la mayoría de la gente de El Salvador vivimos cada día a consecuencia de la incertidumbre ocasionada por la violencia que amenaza a los hijos e hijas con matarlos si no se incorporan a grupos fuera de la ley. Diariamente vemos padres de familia huyendo de sus casas porque algún delincuente se ha fijado en la hija que recién se ha convertido una jovencita y el malacate amenaza con llevársela para hacerla su mujer. Es así como las familias reúnen dinero para enviar a sus niños y niñas a otra parte del país o para Estados Unidos, exponiéndolos a otro tipo de vejámenes en el recorrido como inmigrantes ilegales. ¡Hasta cuándo vamos a unirnos todos y detener esto!

En medio de todo, tenemos que cumplir con el reto que plantea la resolución de inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía de 1993, podrían tener la posibilidad de perdonar los que insisten en no hacerlo. Por eso reflexionemos todos sobre el mensaje que el papa Francisco dejó escrito en el libro de memorias del campo nazi: “Dios, ten piedad de tu pueblo. Señor, perdón por tanta crueldad”. Es un mensaje sencillo que ya lo cumplieron públicamente familiares de asesinados durante la guerra y que no están entre los 32 asesinatos de lesa humanidad...

“La llamada cristiana al perdón forma parte de lo que es más radical y nuclear del mensaje evangélico: el amor. Hablar del perdón sorprende, pero no es un aspecto distinto o regional del mensaje evangélico, sino que manifiesta el rostro cristiano del amor... el cual se aprende a partir de la Palabra, y el Espíritu de Jesús en el ámbito de la propia experiencia personal”. (Gaspar Mora).

Es doloroso darnos cuenta de que a quienes amamos o tenemos cerca es a quienes perdonamos con más dificultad cuando nos dañan o creemos que nos dañan, cuando en realidad el acto de perdonar indica verdadero amor. Al vecino desconocido lo perdono fácilmente porque no hay amor ni expectativas. Perdonar bien inicia con pedir a Dios que el corazón quiera “querer” hacerlo.

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