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De aquí a febrero de 2019 todo estará marcado por la intensa competencia electoral

Los salvadoreños estamos y debemos seguir estando a la expectativa de todo lo que pase en los ámbitos políticos, y más aún en lo tocante a la coyuntura electoral, que presenta diversas facetas muy reveladoras de lo que pudiera venir en adelante.
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De aquí a febrero de 2019 todo estará marcado por la intensa competencia electoral

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La campaña electoral en marcha va activándose intensivamente cada día que pasa; y, como es comprensible dada la naturaleza de los comicios en perspectiva, la intensidad mayor se va centrando progresivamente en los resultados de la elección presidencial. La realidad viene traspasando los plazos legales de la competencia, y ese es un proceso expansivo indetenible, que se ha manifestado en todas las elecciones inmediatamente anteriores. Así las cosas, hay que aceptar los hechos como son, y tratar de conducirlos ordenadamente para bien del proceso. Y en el caso actual, eso es aún más pertinente, porque se trata de una coyuntura que parece traer importantes novedades en camino, que podrían significar el anuncio de cambios significativos en el esquema, y no sólo en lo que respecta a los resultados electorales sino también en el posterior manejo del ejercicio gubernamental.

Ante ese panorama que se está haciendo valer de seguro como efecto de la misma evolución nacional, debemos tener alertas las antenas perceptivas y dispuestos los subsiguientes mecanismos de análisis, porque lo más importante es entender a fondo lo que pasa, a fin de contribuir en todo lo que sea oportuno para que lo que venga no se disperse en la superficialidad de siempre. No tomemos las posibles novedades que se vayan presentando en el curso de esta etapa preelectoral y luego ya en las decisiones que salgan de las urnas como simples productos de ocasión, sino como señales de lo que se va presentando en el desenvolvimiento evolutivo, para no recaer en la improvisación y en el despiste.

Es claro que ningún proceso puede mantenerse estático por su misma naturaleza de dinamismo en acción; y el proceso político no sólo no escapa a dicha verdad sino que está llamado a ser abanderado de la misma. Lo que estamos viendo en el ambiente es justamente eso: el resultado de esa dinámica transformadora que caracteriza a la evolución. No es casual que los partidos políticos se hallen en recomposición interna, más visible en unos que en otros; tampoco lo es que el sentir ciudadano esté incidiendo cada vez más en la configuración de las opciones electorales; y hay que agregar los nuevos impulsos que van tomando la demanda de transparencia y la lucha contra la corrupción.

Pero volvamos al punto: en esta oportunidad, por todo lo que puede percibirse al respecto, la doble campaña electoral en marcha tiene mayor capacidad de concentrar atención y de determinar consecuencias en el terreno, porque tanto los actores en juego como la naturaleza misma de ese juego están cada vez más caracterizados por un componente inescapable: lo que se llama transición. Y esto se inserta perfectamente dentro del fenómeno histórico en movimiento, porque lo que identifica a la posguerra es el generalizado carácter transicional.

Los salvadoreños estamos y debemos seguir estando a la expectativa de todo lo que pase en los ámbitos políticos, y más aún en lo tocante a la coyuntura electoral, que presenta diversas facetas muy reveladoras de lo que pudiera venir en adelante. No es cuestión de darles cabida a los cambios radicales, que siempre resultan contraproducentes, sino de reconocer y alentar las innovaciones compatibles con la realidad presente y futura. Destaquemos, pues, que pese a todos los problemas que nos atascan el país sigue su ruta.

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