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De cara a los retos nacionales que nos trae 2013

El compromiso histórico fundamental viene siendo y sigue siendo el de construir un proyecto de nación que haga posible dirigir todas las energías nacionales por el mismo rumbo.
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Al tratar de hacer un recuento de lo que falta por hacer en el país, todas las formas de ver el panorama conducen hacia una conclusión inequívoca: las tareas están claras, lo que falla es el juego de las voluntades. Como no se ha logrado establecer un marco de armonía básica, que permita hacer balances y diagnósticos objetivos de la problemática que enfrentamos, cada problema toma su propia dirección, y así vemos y sentimos cómo hay constantes cruces, conflictos y colisiones de intereses, con lo cual no sólo se presenta una situación nacional inquietantemente confusa sino una perspectiva que deja muy pocos resquicios para la confianza y la esperanza.

El compromiso histórico fundamental viene siendo y sigue siendo el de construir un proyecto de nación que haga posible dirigir todas las energías nacionales por el mismo rumbo. Esto no sólo lo recomiendan los conocedores de procesos como el nuestro sino que lo percibe intuitivamente la ciudadanía, que en las más diversas mediciones de opinión viene considerando que el rumbo que sigue el país es el equivocado. Y es un contraste muy ilustrativo de la sabiduría popular el que sistemáticamente se valoren positivamente las acciones específicas favorables que provienen de la gestión gubernamental y a la vez se juzgue negativamente el rumbo que lleva el país.

En una de sus declaraciones de fin de año, el Arzobispo de San Salvador consideró explícitamente que la falta de un plan de nación entorpece el avance de la democracia y la consecución del desarrollo. Y puntualizó que si se tuviera un plan de esa índole, no importaría quién estuviera en el poder, porque habría una hoja de ruta trazada entre todos. Está más allá de toda duda que al haber un proyecto y una agenda de nación debidamente estructurados y programados todos los problemas específicos podrían tener tratamientos efectivos e interactivos. Haber dejado pasar la fase útil de la presente gestión gubernamental sin avanzar en ese esfuerzo es una pérdida de alto costo.

Desde luego, en el despliegue de la problemática nacional prácticamente todos los temas requieren atenciones específicas inaplazables. Es así en seguridad, en servicios básicos, en salud fiscal, en educación, en inversión, en salud poblacional, en desarrollo local y territorial, en modernización política, en perfeccionamiento institucional. No se puede hacer todo a la vez, y por ello resulta indispensable trazarse metas y organizar agendas de trabajo. Una de las retrancas de nuestro desempeño nacional es la tendencia al menudeo de las medidas, sin que haya planes concretos de recorrido. No es casual que se gaste tanto sin que los resultados correspondan.

Aunque estamos en campaña presidencial, que será más ácida y abrupta precisamente porque no hay un rumbo de nación definido, no hay que dejar de insistir en esta necesidad verdaderamente básica. El Gobierno, que se halla en su última fase de desempeño, tendría en esto una oportunidad de oro para dejar un legado incontrovertible: impulsar la búsqueda de los entendimientos para ese plan integral de presente y de futuro, al menos en sus lineamientos elementales. Recuérdese que lo que queda para la historia no son las pequeñas cosas coyunturales sino los aportes estructurales que logran cuajar y permanecer en el tiempo. Como el tiempo lleva en esta era histórica una aceleración sin precedentes, la cuenta de lo que está por hacer y de lo que se hace comienza de inmediato, este mismo día. Nunca hay que dejar nada para mañana, y mucho menos en un momento como éste de la evolución nacional.

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  • Proyecto de nación

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