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De circo en circo. ¿Y El Salvador?

Nos hemos vuelto una sociedad monotemática, cada tema con duración máxima de una semana, con etapas bien definidas: la expectativa de que algo está por venir, llega el esperado evento, y después de un fenomenal crescendo, que pasa de pequeño ruido a estruendo, comienza su inevitable muerte, se convierte en un murmullo de algo que ya no es de interés
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Cada evento es un circo mediático de exageradas proporciones: estallan las redes sociales, se llenan los medios formales, personaje tras personaje adelanta opiniones y versiones, y exhaustos quedamos a la espera del próximo zapote que se le caiga al mico, mico que entre más gordo mejor para el tan deseado espectáculo.

La energía que como sociedad gastamos en estos eventos es extraordinaria, intelectual y material. Cada vez que salen fracciones enteras de diputados dando declaraciones es para pararle el pelo a cualquiera, cada uno de estos padrastros y madrastras de la patria le cuestan al contribuyente, a grandes rasgos, unos $690,000 al año, $340 la hora, una pequeña declaración de las fracciones mayoritarias que dure tres horas, le cuesta al erario unos $31,000, para decirnos que hay que ponerle dos lorocos más a las pupusas, a esto añádale el costo de respuesta de otras instituciones del Estado, de la sociedad civil, léase ONG, tanques de pensamiento, la de no acabar.

Caro entretenimiento el que nos recetamos, de circo en circo, ¿y los problemas de El Salvador? Allí, sin atención alguna, sin solución ni preocupación; bueno, la solución del pueblo es clara: Trump o no Trump. ¡Hacia el norte nos vamos! ¡We are coming to America!

Los problemas de nuestro querido El Salvador son agobiantes, persistentes y requieren de nuestra total y enfocada atención, prueba de esto, como variable de efecto, es esa perniciosa falta de prosperidad, manifiesta en la endemoniada delincuencia, la lamentable expulsión de nuestros connacionales a otras tierras, la falta de oportunidades, de avance, a todo nivel de la escalera socioeconómica, la humillante pobreza que castiga y doblega; y esa desesperanza que produce el sistemático, continuo y vergonzoso saqueo del erario, y el cínico y descarado comportamiento del funcionario. Todo esto deja a la población vulnerable a los falsos profetas del populismo, cuyos ejemplos de catastróficos resultados no están muy lejos, ni en el tiempo ni en el espacio, basta con ver hacia nuestro sur... que definitivamente no debe ser nuestro norte.

Qué tal si por un momento nos olvidamos de lo sensacional y echamos un vistazo a nuestros esfuerzos de desarrollo sostenible: Creo no hay pedazo de territorio o comunidad que no haya sido estudiada; contamos con planes de desarrollo nacionales, territoriales, regionales, municipales, etcétera; programas de desarrollo promovidos por las buenas intenciones de buenos amigos; planes de edificación de estructuras logísticas, sociales, dónde escoger, ¿y los resultados? Pírricos, tristes y lamentables.

Nuestro paisaje está repleto de restos de lo que fueron esfuerzos de desarrollo sostenible: la carretera norte y el FOMILENIO I, la isla Meanguera, el puerto de La Unión, etcétera; nuestras gavetas están llenas de sueños y planes: el transporte de San Salvador, el aeropuerto de Comalapa; ya no digamos todos los planes gubernamentales: los quinquenales, planes de profundización del cambio, desarrollo territorial, etcétera, debemos seriamente reflexionar sobre nuestros fallidos intentos al desarrollo sostenible y corregir rumbo.

Los principales actores no pueden dedicarse solo al circo, hay deberes y obligaciones que atender. Dejen que las instituciones trabajen, que la política ocupe su debido puesto. Solo en el circo disfrutaremos mucho, pero no saldremos de la mala encrucijada en que nos encontramos. Dios, Unión, Libertad.

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