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De la calistenia al partido

Los salvadoreños somos personas de extremos. La mitad de la población escoge una opción y la otra mitad escoge la opción opuesta y nos agarramos personalmente las “peleas” de otros.
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Por ejemplo la mitad apoya al Real Madrid y la otra mitad al Barcelona, cuando de fútbol hablamos. Si hay un clásico la ciudad se paraliza, se llenan los restaurantes, bares y demás lugares públicos para disfrutar el partido de dos equipos con los que no nos une nada. No somos madrileños ni catalanes pero nos la tomamos más en serio que ellos. Si de religión se trata, somos católicos o protestantes y cada quien defiende sus creencias con gran pasión. Si de política se trata la mitad de la población vota en una elección presidencial por ARENA y la otra mitad por el FMLN. En la guerra fría nos fuimos a la guerra entre salvadoreños porque unos creían que el modelo de la Unión Soviética y Cuba era el que debía implementarse en el país y otros creyeron que el modelo de los Estados Unidos era el mejor.

De ahí que no sea raro que ARENA y el FMLN tengan tanto problema para poder encontrar soluciones a la grave problemática que vive el país, tanto en materia fiscal, en materia de crecimiento económico y de generación de empleo, en el tema de pensiones, como en los temas de seguridad, educación, salud y muchos otros. Los dos partidos políticos surgieron casi en simultáneo en 1981, han fomentado y aprovechado esa fuerte tradición de divisiones de nuestra sociedad para obtener la Presidencia de la República, un gran número de alcaldías y 66 diputados de los 84 que tenemos en nuestro congreso (casi 80 % del total). Si no existieran los residuos, tendrían casi la totalidad de los diputados.

El ejercicio que se está haciendo ahora de tratar de ponerse de acuerdo en materia fiscal, de crecimiento económico y pensiones es algo muy positivo y es una buena calistenia para los grandes acuerdos nacionales que nuestra sociedad requiere para ver hacia adelante unida y con una verdadera visión de nación a largo plazo. La teoría de que el choque, las disputas y la polarización permanente generan los cambios es equivocada. Les ha redituado electoralmente a los partidos políticos pero tiene entrampada a nuestra sociedad en el círculo vicioso de pobreza, violencia, muerte y tensión que lleva a la gran mayoría a expresar que si tiene la oportunidad de emigrar lo hará.

La calistenia que han estado haciendo ARENA y el FMLN en las últimas semanas es un rayo de esperanza que nos indica que si pueden ponerse de acuerdo en algunas cosas pequeñas como las que se están discutiendo hoy en día, será posible ponerse de acuerdo en las cosas grandes que nuestro país requiere. Los ciudadanos debemos apoyar el esfuerzo de negociación sabiendo que en una negociación no se puede obtener todo lo que uno quiere y que es mejor un mal acuerdo a tiempo que una buena pelea. Debemos comprender que hemos desperdiciado los últimos 20 años en disputas estériles que nos tienen sumergidos en el caos, el pesimismo y la desesperanza.

Por lo tanto, en lo personal, apoyo totalmente que se llegue a un primer acuerdo esta semana, que se plasme en una ley de responsabilidad fiscal que tenga dientes, que se derogue el decreto de reforma del fideicomiso de pensiones aprobado el 30 de septiembre, que se mande al archivo la propuesta del gobierno de reforma de pensiones que todavía está en la comisión de hacienda, que se nombre la nueva comisión que propondrá la reforma de pensiones que el país requiere y que se adquiera el compromiso de incluir al Fondo Monetario Internacional (FMI) como garante y verificador de los acuerdos que se firmen ya sea que se establezca un acuerdo formal con el FMI o no. Contra lo anterior, ARENA le debe dar al gobierno la autorización para emitir la cantidad de bonos que hayan acordado, probablemente alrededor de $500 millones. Este sería un gran mensaje de madurez de nuestros políticos y devolvería un poco la fe en el futuro del país.

Pero esta es la calistenia solamente. La siguiente semana deberá comenzar el partido de verdad y eso es la negociación del pacto fiscal integral. Este pacto fiscal deberá incluir la discusión de todos los ingresos y gastos actuales y todas las reducciones de gastos, eliminaciones de impuestos y contribuciones especiales, y la creación de nuevos impuestos o incrementos de impuestos ya existentes. De ahí resultarán las necesidades de emisiones de deuda y la contratación de nuevos préstamos. La negociación requerirá de un gran esfuerzo técnico apoyado por el FMI y por mediadores para lograr un acuerdo que incluya los presupuestos gubernamentales de los años 2017, 2018, 2019, 2020 y 2021, es decir que será un acuerdo para el próximo quinquenio y el ajuste fiscal tendrá que ser hecho entre 2017 y 2019 según lo ya acordado en las negociaciones de la semana pasada.

Es importante ir paso a paso con este proceso negociador y no comer ansias, porque lo positivo es que se ha comenzado un camino sin retorno para beneficio de todos los salvadoreños y hay que comprender que los resultados de las tres mesas de negociación producirán resultados en una semana, en un mes, en seis meses y en dos años, respectivamente, pero es necesario mantener el esfuerzo el tiempo que sea necesario para alcanzar acuerdos bien analizados y que nos traigan soluciones duraderas a largo plazo.

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