De la campaña política a la decisión de quién se queda

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El centro de la nueva tormenta trienal de ofertas políticas está por cubrir nuestro país, trae un temporal mediático en donde se hará hasta lo imposible por ganar nuestra simpatía... Estas campañas electorales, que son empresas eventuales, poseen detrás de la publicidad una compleja estructura –capaz de armonizar múltiples actividades con la lógica de dirigentes y candidatos– llevando su oferta a barrios, colonias, cantones, caseríos y todo lugar donde sea posible.

Sus equipos, seleccionados por simpatía, capacidad, disponibilidad o necesidad, desarrollan tareas nacidas en las cúpulas partidarias, en donde suponemos un equipo diverso, ligando a diario para unificar criterios y estrategias, optimizando recursos y batallando contra el potencial caos que implica un conjunto tan numeroso de colaboradores y sus múltiples tareas.

Es común, que la mayoría de sus participantes carezcan del hábito de trabajar en equipo, lo que hace necesario una organización fuerte que aproveche los recursos disponible, buscando armonía entre funciones y sus responsables, así como garantizar una eficiente comunicación para que las decisiones sean verticalmente aplicadas.

Factores de idiosincrasia influyen enormemente, las ansias de poder, ascenso social, intolerancia, miedo a perder... algunas, limitan la posibilidad de hacerse de buen personal –al surgir el mercado de líderes y activistas– provocando deserciones y golpes bajos...

Las campañas efectivas cuentan con una organización especializada en comunicaciones, priorizando el flujo ágil y oportuno de la información, garantía de calidad, operatividad, efectividad y retroalimentación, manteniendo el proyecto siempre vigente.

El caso de la informática y sus ventajas tecnológicas ensombrecen el panorama, al permitir libertad e impunidad al tergiversar, mentir y difamar –generando confrontación e intolerancia– al verse impotentes ante adversarios cobardes y anónimos.

La información relevante debe llegar a todo sector representativo de la sociedad, su contraloría es factor determinante para el éxito en la labor territorial; sin embargo, dentro de los partidos con democracia interna, se duplican esfuerzos y disputan autoridad, al separar la labor institucional de los intereses propios de candidatos, que luego pierden la noción de quién es la verdadera competencia.

La logística produce infinidad de materiales, discursos, impresos, promocionales; se imparten capacitaciones, se selecciona personal, se planifican jornadas sobre el terreno, actos públicos, reuniones privadas; entre otras, se busca garantizar la presencia del candidato en los medios de comunicación, conceptualizar su campaña, estructurar un mensaje sólido y coherente que genere la creación de una necesidad política; se aspira lograr un grupo heterogéneo en toda la estructura, para lograr que cada tecla se mueva ordenadamente. En fin, una serie de actividades con costos significativos que implica una estricta organización operativa y financiera.

Los que recibimos estas tormentas de ofertas desconocemos todo ese aparato partidario y juzgamos las campañas por su presencia mediática, impresionantes despliegues de recursos y regalías, confundimos cantidad con calidad y éxito, cuando no es así.

Debemos asumir nuestro rol en estos procesos, ir más allá de lo que vemos y oímos, somos los responsables de regresar la dignidad a la democracia y mantenerla entre nosotros, nuestra única inversión es ejercer nuestro derecho al voto y así: castigar, premiar, confiar o rechazar...

Las campañas y todo lo que implica su costosa y corta vida es de los políticos, la decisión de quién se queda es nuestra.

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