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De la desesperanza al optimismo

La desesperanza es el Estado de ánimo del que no tiene esperanza o la ha perdido, siendo esta uno de los ingredientes más importantes en la receta de la felicidad.
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De la desesperanza al optimismo

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El país ha caído en esa situación, la población no tiene fe en lo que vive, en el gobierno y sus resultados, economía, salud, seguridad, libertad de movimiento, temor a las maras, temor a las acciones de gobierno mismo, finanzas desbalanceadas, política exterior suicida, contrario a lo que desea la mayoría, insultos a Estados Unidos en medio de una situación migratoria delicada de quienes se encuentran allá, protección a sus corruptos, la cloaca ha rebalsado y nos ahoga, todos quisiéramos ver un auténtico combate a la corrupción de funcionarios, las señales son contrarias.

Todos buscan empleo y no encuentran o es muy difícil, no hay mucha inversión y no son empleos públicos que sangran al ciudadano los que se necesitan, sino empleos productivos creados por capital privado, pero el discurso del partido en el gobierno y sus acciones ahuyentan la inversión. Las trabazones por todos lados y a toda hora, las obras monumentales que terminan en un embudo, la falta de camas y medicina en los hospitales... y así podríamos seguir sumando lo malo, deficiente u omisiones del gobierno, la corrupción flagrante y descarada, desde las grandes cifras al abuso impune y descarado de bienes del Estado por funcionarios que no tienen el más mínimo sentido de ética y vergüenza propia, más bien reafirman la impresión de que están allí para servirse, no para servir. Todo eso hace amarga la vida de los salvadoreños, nos tiene sumidos en la desesperanza. Tres cuartas partes de la población desaprueban al gobierno, más de la mitad quiere irse del país. Desesperanza total.

La desesperanza es derrotada por el optimismo que causa esperanza, lo cual puede iniciar desde un firme propósito de luchar para cambiar las cosas y ver buenas señales que auguran podemos superar la situación.

Dentro de este panorama sombrío, hay rayos de luz, esperanza, cosas que están cambiando. La más importante, que la sociedad está cada vez más despertando, tomando conciencia de lo que sucede, ha pasado muchos años aletargada, ignorando lo que sucede “arriba”, viendo únicamente su pequeño, limitado mundo, un importante grado de anomia sufrido por la mayor parte de la sociedad, la RAE define anomia como “estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales”. Esa anomia comienza a disminuir, a disiparse.

Cada vez hay más personas de todas edades, más esperanzador, los jóvenes, que se preocupan por el estado de las cosas, por su futuro y el de sus hijos y nietos, analizan, debaten aunque sea a la salvadoreña, pocos argumentos y elaboración en el pensamiento, quizá poca profundidad en elementos, pero con las conclusiones más importantes claras, que no funciona, qué dañina y rampante ha sido y es la corrupción y no solo es que indigne, sino realiza que se lo roban al ciudadano y sus hijos. Los medios de difusión y las redes sociales evidencian tanto... la fiscalía finalmente entrándole a algunos peces gordos, la tan publicitada tragicomedia del expresidente asilado y sus extravagantes gastos, la falta de transparencia de ALBA, del SITRAMSS por señalar dos casos, ponen en dimensión de “sí me afecta y tenemos que hacer algo para cambiarlo” el tema de la corrupción. Gran ganancia.

El despertar ciudadano que ya se manifiesta en organizaciones, en cambios en la oposición (bueno en ARENA), que piden honestidad y transparencia a los candidatos y dirigentes, cuestionan a sus propios diputados... es un gran avance, el inicio de algo mayor.

Hay muchas cosas más que devuelven la esperanza, pero en mi criterio ese despertar es el más importante, la marea es una fuerza que no se detiene.

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