De la paz en la dicha suprema...

Una de las estrofas más bellas de nuestro Himno Nacional dice así: “De la paz en la dicha suprema, siempre noble soñó El Salvador, fue obtenerla su eterno problema, conservarla su gloria mayor...”. Ese sueño es tan válido ahora como cuando el Himno Nacional fue escrito. Las amenazas a la paz entonces eran de carácter guerrerista enfocadas a enemigos extranjeros. La estrofa no solo es bella sino que refleja fielmente el anhelo de un pueblo entero, pobre, con pocos recursos de gente indómita, laboriosa que aunque sabía pelear, apreciaba las ventajas de la paz para el progreso, para sacar adelante a una población con desventajas, válido entonces, igual o más válido en estos días aciagos que vivimos en que la violencia pandilleril es más peligrosa y nos condiciona más la vida que un probable ejército extranjero de aquellos tiempos y en que la dificultad de generar empleos y operar en un ambiente hostil al empresario deja fuera del mercado laboral anualmente a 50 mil o más jóvenes que deberían entrar a la fuerza laboral y no encuentran empleo, tirándolos a la informalidad, emigrar o incorporarse a asociaciones delictivas.

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Rafael Castellanos / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Los históricos Acuerdos de Paz de Chapultepec dieron fin a una lucha armada intestina y lograron importantes avances en la institucionalidad del país, PNC, ejército fuera de la política, apertura para que participaran en política democrática los que estuvieron excluidos antes, los que cambiaron el traje de fatiga por ropa de civil y competir en elecciones. Todos creímos que esa era la paz que buscábamos, pero no. En realidad fue un alto al fuego, desarme, desarticulación de organismos de seguridad, reconstrucción de miles de millones de infraestructura destruida y vernos estrecharnos la mano, pero no todos la veían así.

El FMLN fue mutando, desgranándose y la cúpula hoy en el poder, PC y FPL nunca abandonaron su sueño de hacerse del poder total, cambiaron del método militar a tratar de obtenerlo por medio de la oportunidades que brinda la democracia, zancadilla aquí, engaño allá, pero el objetivo intacto. En los años recientes y ya en el poder, lo escribieron y ratificaron en su Congreso, el apoyo de Venezuela y el Alba les daba fuelle adicional, ahora eso cambió y en dos períodos han hecho tan mal gobierno que se las ven color de hormiga ante las próximas elecciones a menos que haya un fraude colosal.

Sigue el Himno Nacional: “Y con fe inquebrantable el camino, del progreso se afana en seguir, por llenar su grandioso destino, conquistarse un feliz porvenir”. Aquí es donde estamos ahora creímos tener la paz, pero solo parcialmente, no se tiene paz total, es necesario arreglar la violencia, la polarización y hacer funcionar los motores de la economía.

Con total claridad el general salvadoreño Juan José Cañas y el músico italiano Juan Aberle, compositores del Himno, plasman el deseo del pueblo, la búsqueda del progreso con afán, con tesón indomable en la búsqueda de un feliz porvenir.

¿Dónde estamos ahora? Cerca y lejos diría yo, lejos por la polarización y el deseo de poder absoluto y el odio de clases y cerca, porque estamos tan complicados financieramente que pareciera que se llegará a acuerdos para sanear las finanzas y ese es un buen inicio para ir más allá, un buen momento para un cambio importante.

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