De la polarización a la esperanza (1 de 3)

Falta año y medio para las elecciones presidenciales de 2014 y ya estamos en plena campaña electoral. Los partidos mayoritarios han nombrando sus candidatos a la presidencia y ya se huele el humillo acre de una campaña polarizada.
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De la polarización a la esperanza (1 de 3)

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Izquierda y derecha, derecha e izquierda parece el “ser o no ser” de un país que no encuentra su rumbo; mejor dicho, un país al cual ni la derecha ni la izquierda electoral le ofrecen un rumbo, empecinadas en “ganar” más que en hacer ganar al país.<p>No somos ingenuos, sabemos que la realización de un proyecto político pasa por la asunción del poder, en el cual el Ejecutivo, por las características presidencialistas de nuestro sistema de gobierno, es clave y, por lo mismo, de suma importancia obtenerlo.</p><p>No son, pues, las legítimas aspiraciones de los partidos de cualquier color y tamaño de ganar la presidencia del país las que están en entredicho, sino las razones y objetivos por las cuales se pretende el triunfo electoral.</p><p>Por ello, es positivo intentar una “radiografía” de las circunstancias reales que componen el escenario en el que se desarrollará, o se desarrolla ya, el proceso electoral, basándose en tres puntos: 1) La polarización, 2) izquierda y derecha electoral y 3) la vía salvadoreña hacia el futuro.</p><p>1) Sobre la polarización.</p><p>Tanto la izquierda como la derecha (representadas por los partidos FMLN y ARENA) han convertido al país en un escenario de boxeo sin reglas. Para ello, se exacerban los ánimos de las respectivas militancias con base en consignas sin un fundamento objetivo.</p><p>Esto ha propiciado el fanatismo y limitado el razonamiento. Apelando a la fidelidad ideológica o histórica, el “voto duro”, que debería serlo por una elección consciente y razonada de un proyecto político estratégico, por influencia de las cúpulas partidarias ha terminado siendo solo duro y chato de pensamiento, a tal grado que el que no pertenece a la derecha electoral es automáticamente de izquierda y viceversa.</p><p>Un pensamiento así margina un amplio espectro de la sociedad que no se alinea con ninguno de los partidos mayoritarios, aun cuando por sus aspiraciones y objetivos políticos y sociales también son y se sienten parte ya sea de la derecha o de la izquierda salvadoreña. Razón tiene el amigo Dagoberto Gutiérrez cuando dice que lo correcto es hablar de izquierdas y derechas; es más, agrego, cuando se trata de los intereses de El Salvador se debe también reconocer que otro numeroso sector de salvadoreños, con un poco de ingenuidad política, no se considera representado por ninguna de esas dos posiciones.</p><p>Esta polarización y sus consecuencias se han visto vergonzosamente reflejadas en los acontecimientos últimos referidos al conflicto entre la Asamblea Legislativa y la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia; un conflicto que no se enfocó, como debió serlo, en los intereses de nación y la jurisprudencia, sino en el empecinamiento por hacer prevalecer las posiciones partidarias y los intereses de las cúpulas.</p><p>La elección misma de los candidatos de ARENA y el FMLN ha sido contaminada por dicha polarización, interna en primer lugar y desbordada luego a los militantes y simpatizantes partidarios.</p><p>Contraria a esa polarización es la opinión de los salvadoreños que, desde la incertidumbre provocada por la misma, reflexionan: “¡Qué me importa a mí si el gobierno es de derecha o izquierda, si lo que quiero es que mis condiciones de vida y la estabilidad económica y social sean garantizadas, en provecho de mis hijos!”.</p><p>Bajo esa luz, ¿qué podemos esperar de la derecha o de la izquierda electoral? </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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